Las leyes sobre la blasfemia minan el estado de derecho

Yangón (Birmania) (AICA): Las leyes y los procesos por blasfemia están socavando el estado de derecho en Birmania. Estas leyes, presentes en el código penal del país y que, además, se aplican arbitrariamente y de forma selectiva, “son contrarias a los derechos humanos, incluida la libertad de opinión y de expresión; la libertad de pensamiento, conciencia y religión, el derecho a la igualdad ante la ley sin discriminación”, dicen los activistas de diversas organizaciones no gubernamentales.
Las leyes y los procesos por blasfemia están socavando el Estado de derecho en Birmania (Myanmar). Estas leyes, presentes en el código penal del país y que, además, se aplican arbitrariamente y de forma selectiva, “son contrarias a los derechos humanos, incluida la libertad de opinión y de expresión; la libertad de pensamiento, conciencia y religión, el derecho a la igualdad ante la ley sin discriminación”, dicen los activistas de diversas organizaciones no gubernamentales.

La ley sobre la blasfemia en Birmania fue promulgada por las autoridades coloniales inglesas en 1927 para frenar la tensión entre las comunidades y es la misma que existe en la India y en Pakistán (que fue modificado en 1986). Esta ley afirma que “la intención deliberada y maliciosa de ultrajar los sentimientos religiosos de una persona se castiga con pena de prisión y una multa”.

Sin embargo, en casos recientes, los tribunales condenaron a los individuos en ausencia de pruebas de una intención deliberada: las personas fueron severamente castigadas porque sus actos de expresión fueron percibidos “en desacuerdo con las interpretaciones conservadoras de una religión”.

A principios de 2015 en Birmania, Philip Blackwood y sus colegas Tun Thurein y Htut Ko Ko Lwin, fueron condenados a dos años y medio de prisión con trabajos forzados por haber publicado en la red social Facebook una imagen psicodélica de Buda que llevaba puestos unos cascos, para anunciar su bar. Htin Linn Oo, escritor budista y miembro de la “Liga Nacional para la Democracia”, fue condenado a dos años de prisión con trabajos forzados por ultrajar a unos grupos budistas: se había atrevido a cuestionar la autenticidad del credo de los que utilizan el budismo para incitar a la violencia.

Estas disposiciones -señalan los grupos de derechos humanos como “Asian Forum for Human Rights and Development”- “violan el derecho internacional y una serie de derechos humanos reconocidos por la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Constitución de Birmania, que garantiza la libertad de expresión y de conciencia, de profesar y practicar una religión”.+

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