Mons. Castagna: Dar testimonio mediante la vivencia cotidiana de las virtudes evangélicas

Mons. Castagna: “Dar testimonio mediante la vivencia cotidiana de las virtudes evangélicas”

Corrientes (AICA): “Los cristianos debemos testimoniar la eficacia de la Redención mediante la vivencia cotidiana de las virtudes evangélicas. Su expresión cabal es el amor a los hermanos, como Cristo ha manifestado amarlos: hasta dar la vida. De esa manera el discípulo es como el Maestro. El amor que profesa a sus condiscípulos constituye el auténtico gesto evangelizador”, aseguró el arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, en su sugerencia para la homilía dominical.
El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, recordó que “por amor, Cristo ha padecido la muerte cruelísima de la cruz. Esa es la medida del amor de Dios al mundo. Es un hecho innegable que los hombres no pueden ocultar”.

“Los cristianos debemos testimoniar la eficacia de la Redención mediante la vivencia cotidiana de las virtudes evangélicas. Su expresión cabal es el amor a los hermanos, como Cristo ha manifestado amarlos: hasta dar la vida. De esa manera el discípulo es como el Maestro. El amor que profesa a sus condiscípulos constituye el auténtico gesto evangelizador”, subrayó.

En su sugerencia para la homilía dominical, el prelado señaló que “Jesús atribuye una importancia decisiva al testimonio de la caridad” y aseguró que “nuestros contemporáneos quieren pruebas, no les basta el discurso literariamente desenvuelto”.

“Los testigos de la verdad son más importantes que los catedráticos que se empeñan en dictar una lección que debe ser fielmente repetida por disciplinados alumnos. Los santos son los mejores maestros de la Verdad que hace libres. Cristo es la Verdad que Pablo, Pedro y los apóstoles aprendieron para ofrecerla al mundo”, sostuvo.

Texto de la sugerencia

1.- Para la gracia de Cristo no existen dificultades insalvables. Mientras Jesús está entre los suyos anticipa lo que ocurrirá con Él. No lo entienden, ya que el concepto que tienen de su misión les inspira un mesianismo de tipo temporal y político. ¡Qué distintos son los pensamientos y planes de Dios de los que conciben y pretenden ejecutar los hombres! La fe nos lleva a entender esa profunda diferencia y, sobre todo, a acatar la voluntad de Dios. La constante exhortación de Jesús - a "hacer" la voluntad del Padre - responde a la necesidad de cambiar nuestros planes por los suyos y de dejarnos inspirar por sus pensamientos. Para lograrlo es preciso "vivir de la fe". De otra manera seguiremos empantanados en nuestras confusiones, decidiendo mal el destino de nuestras vidas. Por ello, el Hijo de Dios se ha hecho uno de nosotros, sin dejar de ser Dios, para revelarnos, con nuestras propias palabras y comportamiento humano, ese diferente pensamiento divino y el camino que nos conduce a él. En una sociedad, que manifiesta haber perdido el sentido de la fe recibida en el Santo Bautismo, se hace difícil su recuperación. Para la gracia no existen dificultades insalvables. La evangelización se constituye en la gracia que vence cualquier grado de incredulidad. Su prolongada historia, desde los mismos Apóstoles, pone en evidencia la eficacia sobrenatural del Evangelio, propuesto al mundo mediante el ministerio de sus legítimos testigos.

2.- El Ministerio Apostólico está vivo hoy. En varios documentos el Papa Francisco se ha referido al ejercicio responsable del ministerio sagrado. Al constituir a los Doce, Jesús les encomienda lo que el Padre le confió personalmente a Él. El ministerio Apostólico está vivo hoy, aunque vapuleado por las agresiones intencionales que se oponen a sus enseñanzas y principios. Lo que propone la Iglesia incomoda a quienes se han situado en las antípodas del espíritu cristiano. Son "valores" contrapuestos y esencialmente antagónicos: el ogoísmo y el amor; la fidelidad como estabilidad en un compromiso personal y la incapacidad para que sea definitivo; la corrupción y la justicia; el poder político y la impunidad; la guerra y la paz. El Evangelio define valores, los más humanos, y es "poder de Dios" que capacita para vivirlos. Por ello, como mensaje al hombre, es verdad y rumbo a la Verdad. Reclama una "forma de vida" que identifica a quienes por el Bautismo son pertenencia de Cristo. Jesús es muy concreto cuando se trata de señalar el comportamiento que deben adoptar sus discípulos cuando deciden seguirlo.

3.- Les doy un mandamiento nuevo. La fuerza del discipulado está en el amor que se tengan quienes lo integran: "En esto todos reconocerán que son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros". (Juan 13, 35) La medida de ese amor fraterno está dada por el mismo Señor: "Les doy un mandamiento nuevo: ámense los unos a los otros. Así como yo los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros". (Juan 13, 34) Por amor, Cristo ha padecido la muerte cruelísima de la cruz. Esa es la medida del amor de Dios al mundo. Es un hecho innegable que los hombres no pueden ocultar. Los cristianos debemos testimoniar la eficacia de la Redención mediante la vivencia cotidiana de las virtudes evangélicas. Su expresión cabal es el amor a los hermanos, como Cristo ha manifestado amarlos: hasta dar la vida. De esa manera el discípulo es como el Maestro. El amor que profesa a sus condiscípulos constituye el auténtico gesto evangelizador. Por él, quienes lo contemplan, establecen el primer contacto con el Señor resucitado, para iniciar su propio camino - en la fe - y lograr el perdón y la santidad.

4.- La prueba del amor fraterno. Jesús atribuye una importancia decisiva al testimonio de la caridad. El amor que se deben sus Apóstoles, semejante al suyo por ellos, constituye la prueba irrefutable de la eficacia de la gracia. "En esto conocerán que son mis discípulos" y que han recibido la misión de decir las palabras de su Maestro y difundir sus enseñanzas. De ellos, por ser sus discípulos reconocidos, el mundo es evangelizado y destinado a convertirse en Reino de Dios. Nuestros contemporáneos quieren pruebas, no les basta el discurso literariamente desenvuelto. Los testigos de la verdad son más importantes que los catedráticos que se empeñan en dictar una lección que debe ser fielmente repetida por disciplinados alumnos. Los santos son los mejores maestros de la Verdad que hace libres. Cristo es la Verdad que Pablo, Pedro y los Apóstoles aprendieron para ofrecerla al mundo.+

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