Mons. Castagna: “La fe reclama un aprendizaje paciente y humilde”

Mons. Castagna: “La fe reclama un aprendizaje paciente y humilde”

Corrientes (AICA): El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, recordó que la fe reclama un aprendizaje paciente y humilde, y advirtió que “nos encontramos en una situación que nos urge a creer en el perdón divino y a emprender el camino de la santidad. ¨Es una oportunidad singular - no negada a nadie - ofrecida por la Palabra y los sacramentos de la fe, que la Iglesia anuncia y celebra¨, aseguró y pidió: ¨¡Que Jesús Misericordioso nos permita contemplar el rostro de Padre!”.
El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, recordó que la fe reclama un aprendizaje paciente y humilde, y se refiero a las grandes y notables conversiones que registra la historia.

“El paso del ateísmo a la fe viva constituye el valor del cambio radical y definitivo que produce la gracia de Cristo. Deseo señalar dos de ellos: la filósofa y fenomenóloga judía, Edith Stein, hoy canonizada mártir como Santa Teresa Benedicta de la Cruz y el padre Charles de Foucauld, beatificado por Benedicto XVI”, detalló en su sugerencia para la homilía dominical.

El prelado destacó la importancia de la fiesta de la Divina Misericordia, que coincide esta vez con el Año Jubilar convocado por el papa Francisco.

“La conmoción que Jesús causó en Pedro y en Tomás, responde al aprendizaje de la fe pascual de ambos. Pedro es invitado a recibir el perdón a través de una triple profesión de amor. Tomás toca sus llagas, como lo había solicitado, avergonzado por haber dudado del testimonio de sus hermanos apóstoles”, diferenció.

“El impacto de esa singular experiencia lo hace caer de rodillas y profesar la fe en la divinidad de su Maestro”, agregó.

Monseñor Castagna advirtió que “nos encontramos en una situación que nos urge a creer en el perdón divino y a emprender el camino de la santidad”.

“Es una oportunidad singular - no negada a nadie - ofrecida por la Palabra y los sacramentos de la fe, que la Iglesia anuncia y celebra. ¡Que Jesús Misericordioso nos permita contemplar el rostro de Padre!”, concluyó.

Texto de la sugerencia

1.- Cristo ha resucitado, nuestra fe responde a esa Verdad. La prueba definitiva de que Jesús es Dios es la Resurrección. En otra ocasión califica a su generación de incrédula y de insaciable buscadora de signos prodigiosos. El único camino abierto al termino de esa búsqueda es la fe. Hoy es el sendero que conduce, como exclusivo, a recepcionar el signo al que Jesús otorga valor irremplazable: "Esta es una generación malvada. Pide un signo y no le será dado otro que el de Jonás. Así como Jonás fue un signo para los ninivitas, también el Hijo del hombre lo será para esta generación". (Lucas 11, 29-30) Se refiere a la Resurrección. Aunque aquellos discípulos lo vieron resucitado, y tocaron con sus manos las sagradas llagas, necesitaron un paciente entrenamiento de fe. Tomás es el referente más notable. Padeció el drama de la incredulidad porque aún no sabía creer. Para que la fe prenda en los corazones se necesita escuchar la palabra y aceptar el testimonio de sus legítimos mediadores: los Apóstoles. Tomás cometió un error al negar credibilidad a sus hermanos testigos: "Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!. Él les respondió: Si no veo la marcas de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré". (Juan 20, 24-27). Jesús se lo reprochará con severidad y lo pondrá como ejemplo negativo con el fin de pasar exitosamente de la incredulidad a la fe.

2.- La incredulidad desaparece en contacto con Cristo. Es esencial a la fe aceptar el hecho de la Resurrección de Cristo. De esa única manera se accede a la Verdad, que causa efectivamente la salud perdida. Jesús no es un sanador sino Quien cura el corazón enfermo del hombre, absolviéndolo del pecado, causa de su enfermedad. La incredulidad de Tomás desaparece al conocer el signo de Jonás y al reanudar el sendero de la fe que no había querido recorrer en su momento. Al desoír a sus hermanos Apóstoles rechazó el gozo indescriptible que ellos experimentaron al encontrarse con Jesucristo vivo. Su actual alegría es recuperación del gozo de saber a su Señor resucitado, con una nueva experiencia, la del dolor de haberse negado a creer, rechazando el sendero normal de la fe pascual: el ministerio de los Apóstoles. San Pablo insistirá en la adopción de un medio desechado por los prestigiosos intelectuales del mundo - el de la predicación - para que la Palabra despierte la fe. No hay otro. Responde a la pedagogía divina y se mantiene inalterable frente al despliegue del ampuloso discurso contemporáneo. Es preciso volver al método tradicional, aplicado empeñosamente por los principales discípulos, y actualizado, con responsable dedicación, para una eficaz evangelización del mundo.

3.- La fe reclama un aprendizaje paciente y humilde. Jesús resucitado sigue haciéndose presente en nuestras complicadas situaciones. Para percibirlo necesitamos la fe que recuperó Tomás y que le inspiró la confesión más humilde y conmovedora: "¡Señor mio y Dios mio!". Esa simple exclamación atrajo sobre el humillado discípulo la confirmación del ministerio de la fe que Jesús le confió junto a los Doce. Cuando nos referimos a los personajes bíblicos no pretendemos introducirnos en la historia pasada como en un museo. El pasado se hace presente, nuestros antepasados nos dejan la herencia de la vida que ellos hicieron propia. Asi se suceden las generaciones y lo que fue en ellos se cumple en nosotros y será transmitido como vida a quienes vendrán después que nosotros. La Iglesia es consciente de lo que debe transmitir, y lo hace fielmente, convencida de una Presencia constante, prometida por Jesús: "Yo estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos". Su perdurabilidad, por más de veinte siglos, demuestra el valor de la promesa divina. La fe, como le ocurrió a Tomás, reclama un aprendizaje paciente y humilde. La historia expone ejemplos de ese aprendizaje. Me refiero a las grandes y notables conversiones. El paso del ateismo a la fe viva constituye el valor del cambio radical y definitivo que produce la gracia de Cristo. Deseo señalar dos de ellos: la filósofa y fenomenóloga judia, Edith Stein - hoy mártir canonizada: "Santa Teresa Benedicta de la Cruz" - y el padre Charles de Foucauld, recientemente beatificado por el Papa Benedicto XVI.

4.- La Divina Misericordia. Hoy, domingo octava de Pascua, se celebra la Fiesta de la Divina Misericordia. Coincide con el Año Jubilar de la Misericordia. La conmoción que Jesús causó en Pedro y en Tomás, responde al aprendizaje de la fe pascual de ambos. Pedro es invitado a recibir el perdón a través de una triple profesión de amor. Tomás toca sus llagas, como lo había solicitado, avergonzado por haber dudado del testimonio de sus hermanos Apóstoles. El impacto de esa singular experiencia lo hace caer de rodillas y profesar la fe en la divinidad de su Maestro. Nos encontramos en una situación que nos urge a creer en el perdón divino y a emprender el camino de la santidad. Es una oportunidad singular - no negada a nadie - ofrecida por la Palabra y los sacramentos de la fe, que la Iglesia anuncia y celebra. ¡Que Jesús Misericordioso nos permita contemplar el rostro de Padre! +

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