Mons. García: “Que a nadie le falte el trabajo que dignifica y el pan que une”

Mons. García: “Que a nadie le falte el trabajo que dignifica y el pan que une”

San Justo (Buenos Aires) (AICA): El obispo de San Justo, monseñor Eduardo García, presidió hoy en la catedral local la Misa de los Trabajadores, en la que advirtió que “no es posible querer generar vida y apostar al desarrollo con dinero que apesta a la droga que mata y fisura la cabeza de nuestros jóvenes, revienta nuestras familias e hipoteca el futuro” y consideró que “es demente pagar la recuperación de la sociedad con el fruto de la corrupción”, aseveró. Tras pedir no conformarse “con emparchar lo que otros rompen”, porque “estamos llamados a construir entre todos, codo a codo con el Dios de la Vida, aquello que necesitamos”, pidió a San José Obrero que los argentinos “podamos comprometernos con la vida de nuestros hermanos de modo que a ninguno le falte el trabajo que dignifica, el pan que une y los sueños que permiten seguir avanzando”.
El obispo de San Justo, monseñor Eduardo García, presidió hoy en la catedral local la Misa de los Trabajadores, en la que recordó que “el año pasado no reuníamos en este mismo lugar para pedir por el trabajo, la unidad y por un sueño”, y reconoció que “este año nos dimos cuenta de que no alcanza. Que si bien todas estas cosas las necesitamos, la vida se encuentra herida”.

“Necesitamos pedir por la vida de los que trabajan; sí, por la vida para que podamos unirnos, y para que los trabajadores puedan seguir soñando. Sin vida no hay trabajo, ni unidad, ni sueños”, advirtió.

El prelado admitió que “es difícil escuchar alguien que afirme con sencillez y espontaneidad: ‘Soy feliz’, ‘vivo en paz’. Cada día somos espectadores y protagonistas de agresiones, violencias raciales, familiares, políticas y económicas”.

“La injusta miseria de muchos es una violencia institucionalizada. La muerte absurda es pan cotidiano. Tenemos la indeseada sensación de que todo va a colapsar”, aseveró.

El obispo matancero sostuvo que “se ha avanzado técnicamente de manera vertiginosa, pero se vive en una dependencia cada vez mayor de aquello que los hombres mismos producimos y fabricamos”, y lamentó que “se ha apostado a una pseudo libertad, creando cultura de lo transitorio que achica el compromiso con los ideales, la familia, los hijos, la sociedad”.

“Seducidos por las luces de bengala estupidizantes de la sociedad de consumo, vamos cayendo “en una anorexia” espiritual que anestesia”, alertó y agregó: “Distraídos y alienados por eslóganes y consignas falsas, no existe la capacidad para enfrentarse a la propia verdad, buscando muchas veces ‘irse por un rato a Plutón’ montados en la pastilla milagrosa de turno”.

Monseñor García aseveró que “no podemos seguir tirando la pelota a la tribuna y negar que la lucha por la vida debemos iniciarla en nuestro propio corazón, ‘campo de batalla’ en el que luchan con ferocidad: ‘el amor a la vida y el amor a la muerte’. Dentro de nosotros mismos es donde anidan los pensamientos, los sanos y los dañinos, las grandes intenciones y los impulsos más bajos, donde se amasan los deseos, donde se ganan o se pierden las auténticas batallas de la vida, el lugar donde se conquista o no la paz”.

Tras destacar que “la paz que nos ofrece Jesús es interior y compatible con las persecuciones, y forjada en el trabajo y el esfuerzo”, indicó que “esta defensa de la vida que trae consigo la paz, surge del amor entre los hombres que se descubren hermanos, ‘habitantes y responsables de la Casa común’ y deciden unirse para vivir de esa manera”.

“La verdadera paz que lucha por la vida exige trabajar por la erradicación de la injusticia, sin ahondar las divisiones. La verdadera paz que da vida exige: crear un clima de diálogo social promoviendo actitudes de respeto y escucha”, aseveró.

“No es posible hablar de paz y de lucha por la vida, ocultando situaciones de injusticia o encubriendo propósitos personalistas que no tienen nada que ver con el bien común. No es posible ascender a la cúspide de la vida usando como peldaños las cabezas y las vidas de los hombres que confían en nosotros o necesitan de nosotros”, añadió.

El prelado señaló que “no posible querer generar vida y apostar al desarrollo con dinero que apesta a la droga que mata y fisura la cabeza de nuestros jóvenes, revienta nuestras familias e hipoteca el futuro. En esto no hay simplemente negligencia o descuido o ignorancia, hay crimen premeditado y asesinato culpable. Es demente pagar la recuperación de la sociedad con el fruto de la corrupción”.

Asimismo, consideró que “los hombres y mujeres de nuestro pueblo no han perdido la capacidad de ser más hermanos y de organizar un mundo de forma más humana. Necesitamos reaccionar y comprometernos en una nueva dirección, liberándonos de esquemas y mecanismos deshumanizadores que arrastramos empecinadamente, buscando darles siempre la última oportunidad”.

“La última palabra en la historia la tiene Dios y es Vida. Ni la mismísima muerte la ha podido matar, y nos la ofrece. Es un don suyo. Un don que debemos pedir y agradecer y con el que debemos colaborar. No nos conformemos con emparchar lo que otros rompen. Estamos llamados a construir entre todos, codo a codo con el Dios de la Vida, aquello que necesitamos”, insistió.

Por último, monseñor García pidió a “San José, trabajador silencioso, que interceda, trabaje nuestros corazones para que podamos comprometernos con la vida de nuestros hermanos de modo que a ninguno le falte el trabajo que dignifica, el pan que une y los sueños que permiten seguir avanzando”.+

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