Frutos del Espíritu Santo deseó el rector a empleados de la UCA

Buenos Aires (AICA): Sobre el ¨fruto del Espíritu Santo¨ habló el rector de la Universidad Católica Argentina (UCA), arzobispo Víctor Manuel Fernández, en la misa que presidió el 22 de septiembre, al celebrar el Día del Empleado de la UCA y rendir homenaje a los empleados que cumplen 10, 25 y 40 años de trabajo en la Universidad. La misa, que se ofició a las 12 en el salón San Agustín del campus universitario de Puerto Madero, y que contó con la asistencia de más de 300 empleados, fue concelebrada por el capellán general de la UCA, Pbro. Dr. Alejandro Fabián Seijo.
Sobre el "fruto del Espíritu Santo" habló el rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires (UCA), arzobispo Víctor Manuel Fernández, en la homilía de la misa que presidió el viernes 22 de septiembre, día en el que en esta casa de altos estudios se celebra el Día del Empleado de la UCA y se homenajea a los empleados que cumplen 10, 25 y 40 años de trabajo en la Universidad. La misa, que se ofició a las 12 en el salón San Agustín del campus universitario de Puerto Madero, y que contó con la asistencia de más de 300 empleados, fue concelebrada por el capellán general de la UCA, presbítero doctor Alejandro Fabián Seijo.

La intención de esta celebración eucarística, según lo expresó el mismo rector de la UCA, fue para pedir que se derrame "en nuestras vidas, nuestros compañeros y seres queridos el fruto del Espíritu Santo". Y explicó: "A veces hay cosas que en sí mismas no son malas, pero cuando se convierten en una obsesión que desordena nuestra vida pueden ser muy dañinas. El dominio de sí mismo se logra ejercitándose, pero también es un fruto del Espíritu Santo", una gracia que se debe pedir cada día.

Sobre los frutos del Espíritu Santo el rector de la UCA recomendó prestar atención a la carta de San Pablo (Gál 5,19-23) que se leyó en esta misa, y que "nos habla de las obras de la carne y el fruto del Espíritu".

"Entre las obras de la carne -apuntó monseñor Víctor Fernández- están los odios, las discordias, los celos, las divisiones, todo eso que crea un ambiente difícil de respirar... mientras que el fruto del Espíritu es amor, alegría y paz; paciencia, amabilidad y benevolencia; fidelidad, mansedumbre y dominio propio". En el fondo, se trata de la propuesta del Señor, ante la cual nos toca elegir: o elijo las obras de la carne, y me hago daño a mí mismo, y pierdo el sentido de mi trabajo, y destruyo. O elijo el fruto del Espíritu y construyo. De esa decisión profunda brotará un determinado estilo de vida".

Al comienzo de su homilía monseñor Fernández expresó que "no es por casualidad que trabajemos aquí. Por esos caminos misteriosos de Dios, este es el lugar donde Dios espera que pongamos al servicio nuestras capacidades, nuestra creatividad, nuestras fuerzas. Y eso, evidentemente, para construir.

"Parece algo obvio, pero sin embargo a veces no sucede así. Hay personas que trabajan en un lugar, viven de ese lugar, sostienen a su familia con su trabajo en ese lugar y, sin embargo, no lo quieren. Es más, hay personas que llegan a odiar ese lugar y hasta sienten un morboso placer si algo le sale mal, si no le va bien. Parece suicida, es como ensuciar el plato donde uno come.

"Otros, en cambio, pueden estar en desacuerdo con algunas cosas, pero opinan con respeto, ponen el hombro, construyen, dan lo mejor de sí, porque entienden que si a la institución le va bien, a todos nos va bien y vamos a tener menos problemas".+

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