Marcha por la Patria, un sí a la vida

Rosario (Santa Fe) (AICA): Con la consigna “Todos nosotros, junto a la Virgen, le decimos sí a la vida”, fue la consigna motivante de la peregrinación por la Patria que unió el emblemático Monumento Nacional a la Bandera con el hipódromo Independencia, donde miles de jóvenes participaron de la misa de apertura del II Encuentro Nacional de Juventud.
“Todos nosotros, junto a la Virgen, le decimos sí a la vida”, fue una consigna motivante de la peregrinación por la Patria en la que miles de jóvenes llenaron las calles de Rosario el 25 de mayo, uniendo el emblemático Monumento Nacional a la Bandera con el distante hipódromo Independencia, donde a la noche afrontaron el frío en una misa al aire libre en la apertura del II Encuentro Nacional de Juventud.

Antes de iniciarse la marcha, en la soleada tarde del viernes, al pie del Monumento el arzobispo de Rosario, monseñor Eduardo Martín, saludaba a jóvenes de Río Cuarto que querían darle un abrazo y sacarse fotos con él con sus celulares. Cuando vio al periodista de AICA anotando datos con una birome en un cuaderno de papel, le dijo, amistosamente: “Vos sos de la antigua escuela”. Estaba contento con el entusiasmo contagioso de tantos jóvenes venidos de los puntos más variados del país, reunidos en un ambiente de alegría, buena onda, amor a Dios y al prójimo. Comentó que había 15.000 inscriptos, pero vinieron muchos más, a lo que se suman jóvenes y familias de la ciudad. De hecho, el cronista de AICA vio al día siguiente a un centenar de jóvenes de Comunión y Liberación de Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires, Rosario y otros lugares cantando en las escalinatas del Monumento. Vinieron por el día y ninguno de ellos estaba inscripto oficialmente en el Encuentro.

“Con vos renovamos la historia” es el lema dirigido a Jesucristo por este encuentro juvenil que reconoce un antecedente similar en un multitudinario encuentro realizado en Córdoba en 1985.

“Nuestra obra es de Dios; El nos ha concedido esta bandera que nos manda que la sostengamos”, decía Manuel Belgrano en una proclama al Ejército en Jujuy el 25 de mayo de 1812. Leyenda que está tallada en uno de los costados del Monumento Nacional que se empezó a construir en los años 40, se inauguró en 1957 y cuya altisima torre luce ahora rodeada de andamios por su restauración.

En el otro costado del Monumento puede leerse una recomendación de Belgrano al general San Martín, en una carta de 1814: “Que conserve la bandera que le dejé, que la enarbole cuando todo el Ejército se forme y que no deje de implorar a Nuestra Señora de la Merced, nombrándola nuestra generala”.

Dos siglos después, tras entonar el Himno Nacional, jóvenes de todo el país mostraban su disposición a formarse sólidamente y mejorar, a brindar su esfuerzo para organizar la vida familiar, social y política en coherencia con la fe.

“Me impresiona que seamos tantos. A veces parece que una está sola”, comentó Wanda Requena, ama de casa y empleada, de 28 años, del Movimiento Puente, de Rosario. Estaba con su marido, Hugo, y su hija de un año. El carisma de su movimiento, dijo, es “salir a difundir la Palabra del Salvador”.

Vincenzo Cicale, italiano, de 27 años, miembro de la Acción Católica en su país, dijo: “A mí me asombra la Iglesia de acá, que expresa más la religión, sale, se manifiesta; allá son más tímidos”. Aquí colabora con la Pastoral Universitaria y se expresa en un perfecto castellano. Vino por un intercambio pero en Nápoles se había doctorado en lingüística, especializándose en lengua española.

Los jóvenes caminaron sin cansarse cuadras y más cuadras, desplegando carteles y banderas argentinas, dando a su paso estampas y recuerdos a vec inos que los miraban con manifiesta simpatía. María, una joven del barrio porteño de Flores, afirmó: “Esto es un hito en la historia de nuestra patria que da testimonio de la Iglesia joven en la Argentina”.

“Me asombra ver que la Iglesia mueva a tantos jóvenes”, comentó a su vez Matías, de 15 años, alumno de una escuela técnica en Pontevedra, provincia de Buenos Aires. “Queremos hacer notar nuestra voz –dijo Victoria, una joven de Río Cuarto- Venimos a demostrar que la juventud no está perdida”.

“Me llegó hasta el alma”, reconoció Graciela, docente jubilada de dos colegios, que estaba en la puerta de su casa con otros familiares cuando pasó la marcha de los jóvenes. “Yo los hubiera seguido pero no me dan las piernas”, confesó. Le emocionó ver que esos jóvenes “sigan teniendo un corazón abierto, abrazando a todos”. Le agrada compartir con ellos el mandato de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. “Es decirle a la gente grande que no piense que todo está perdido: no es así”.+

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