Fray Domínguez, obispo auxiliar de San Juan: "Vengo a dar toda mi vida"

Unas cinco mil personas se congregaron este 29 de junio en el estadio Aldo Cantoni, de la capital sanjuanina, para participar de la ordenación episcopal del nuevo obispo auxiliar de San Juan de Cuyo, monseñor Carlos María Domínguez OAR.

La ceremonia estuvo presidida por el arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Eduardo Lozano, y concelebrada por el arzobispo emérito de San Juan, monseñor Alfonso Delgado; el arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Colombo; y el obispo auxiliar de Buenos Aires, monseñor Enrique Eguía Seguí, entre otros.

También estuvieron presentes el prior general de la Orden de Agustinos Recoletos, a la que pertenece fray Carlos María, fray Miguel Miró; el vicario apostólico de Trinidad, Colombia, monseñor Héctor Pizarro; monseñor José Luis Azcona, obispo prelado de Marajó, Brasil; monseñor José Castaño, obispo de Cartago, Colombia; monseñor Emiliano Cisneros, obispo de Cachapoyas, Perú; y monseñor Jseús María Cizaurre, obispo de Braganca, Brasil.

“Amar a todos y escuchar a todos”
Durante la ceremonia fue leído el nombramiento firmado por el papa Francisco. En su homilía, monseñor Lozano saludó especialmente a los religiosos Agustinos Recoletos llegados desde otros países, y compartió con los presentes la alegría de esta jornada especial.

“Alegría que tenemos también cuando nos reconocemos amados, y amados por Dios. Sabemos, tenemos la certeza de la ternura de Dios que nos ama con amor eterno, y nos envía a su hijo Jesús, que viene a dar la vida hasta el fin, como el mismo Evangelio nos dice durante la última cena: nos ama Jesús hasta el extremo”.

“Jesús es el que llama, llama a algunos hombres que le aman y los envía en su nombre con la fuerza del Espíritu Santo. Como leíamos en el encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos en la mañana de la Pascua, Él les dijo: ‘Como el Padre me envió, yo también los envío a ustedes. Reciban el Espíritu Santo’”, recordó. “Y desde tiempos de los apóstoles, de modo ininterrumpido por medio de la imposición de las manos, los obispos seguimos siendo amados y enviados por Jesús, con la misma misión que el Padre le encomendó. Y junto con los diáconos, los sacerdotes, tenemos la misión de santificar, enseñar la Palabra de Vida y guiar en el amor al pueblo santo de Dios”, explicó.

“Celebramos esta consagración episcopal porque Fray Carlos María entregó su vida a Jesús que tanto nos quiere, y Jesús, que lo ama a Él y nos ama a nosotros, hoy nos lo regala como obispo auxiliar. Es un don de Dios, un regalo suyo”, reconoció, y llamó a dar gracias a Dios. “Fray Miguel (Miró), en vos agradecemos a todas las comunidades que, sabemos, han estado rezando en este tiempo por él, y que también lo despiden con algo de nostalgia”.

Afirmando que “no se puede ser enviados sin una confesión de amor”, monseñor Lozano recordó el ejemplo de vida de algunos obispos que “han sido invitados como nosotros a confesar el amor del Señor hasta el fin”. Entre ellos, mencionó a monseñor Orsali, al cardenal Pironio y al recientemente beatificado monseñor Angelelli.

“Ellos también han sido invitados, como nosotros, a confesar el amor del Señor hasta el fin. Nosotros, como ellos, no sólo podemos decir que estamos enamorados de Jesús, sino que decimos ‘somos’ enamorados de Jesús, no es algo pasajero”.

“Querido hermano Carlos María, el episcopado, lo sabemos, no es ni un honor ni un premio, qué triste sería si lo viéramos de esa manera. Como enseña nuestro Maestro, fuiste llamado para servir, no para ser servido”.

“Rezar y predicar”, en eso, afirmó el arzobispo, consiste dicho servicio. “Nuestra oración está cargada de rostros, de historias, de situaciones que confiamos a la ternura del Padre. Y la predicación, con la vida y con las palabras, para también llevar a los hermanos el rostro tierno de Dios. Y muchas veces somos testigos de un maravilloso encuentro”, reconoció.

“Dios te conceda poder gozarte de este encuentro que es obra de Dios, que nos regala ser testigos de esos momentos”, anheló el prelado, y aconsejó, como decía el obispo y mártir Angelelli, “tener ‘un oído en el pueblo y otro en el Evangelio’”. Finalmente, animó al nuevo obispo a “Amar a todos y escuchar a todos”.

“Vengo a dar toda mi vida”
El nuevo obispo auxiliar, por su parte, se dirigió a la multitud que lo acompañaba con unas palabras: “Quiero tocar con humildad, respeto y suavidad el corazón de cada sanjuanino. Quiero pedir permiso para entrar en sus vidas y compartir con ustedes lo más valioso que se me ha dado: Jesucristo”, aseguró.

“No vengo a dar una mano, vengo a dar toda mi vida. Quiero caminar con ustedes y posar mis pies sobre las huellas del Maestro, que es Camino, Verdad y Vida”, sostuvo.

“Mucha gente, cuando llegué, me dijo: ‘Te vas a enamorar de San Juan’. Y en estos días que ya llevo con ustedes les tengo que confesar que es así, me estoy enamorando de San Juan. Perdón, me corrijo, San Juan ya me ha enamorado”, concluyó.+

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