Mons. Olivera llamó a "poner el hombro", a imagen de Enrique Shaw

Mons. Olivera llamó a "poner el hombro", a imagen de Enrique Shaw

Con una misa presidida por el obispo Castrense, monseñor Santiago Olivera, en la parroquia Santa Catalina de Siena, conmemoraron un nuevo aniversario del fallecimiento del siervo de Dios Enrique Shaw.

En su homilía, monseñor Olivera destacó la figura de Enrique, “no sólo un modelo para todos, sino de una vigencia extraordinaria, ya que su vida fue una vida entregada en el mundo de la empresa sin egoísmos y con sincera búsqueda de ser un empresario cristiano”.

“Hoy con toda la Iglesia hacemos memoria de una gran santa como es Santa Mónica. Ella nos anima con el ejemplo de su vida a perseverar en la oración para pedir aquellas cosas que a todos nos acerquen más a Dios”, señaló el prelado.

“Mónica es modelo hoy, para que confiados podamos pedir con insistencia por nuestra Patria, por cada hermano y hermana nuestra, por los que más sufren, por los que tienen en su poder mayores decisiones, por los que pueden hacer mayores esfuerzos para campear estos tiempos con menor dificultad, podemos pedir para que a todos nos dé un corazón más atento al otro, más generoso y menos egoísta, y construir verdaderamente una Patria fraterna”.

Refiriéndose a Enrique Shaw, expresó: “Esta misa la rezamos en un nuevo aniversario de su Pascua, del tránsito hacia la vida verdadera. Enrique murió muy joven, pero pudo en estos pocos años dejarnos grandes enseñanzas. Su enfermedad la asume con resignación cristiana, porque la fe ilumina que la misma es certeza de cielo. En los momentos más difíciles o de mayor prueba es donde se nos da la oportunidad de verificar la hondura de nuestra fe, se nos da la posibilidad de comprobar en dónde, cómo o en quién estamos cimentados”.

Y recordando sus palabras, continuó: “El cielo es también un lugar de actividad, de plenitud, de unidad, de intercambio, o sea de caridad. Para la mayoría de la gente que temen la muerte, Dios es una abstracción. Para mi constituyó y constituye una realidad más intensa que todas las realidades terrestres y que me dice: ¡Ven! Y yo le contesto: Habla, Señor, tu siervo te escucha. A lo cual me manifiesta: Te he llamado porque eres mío. Y entonces todo desaparece y sólo quedamos Dios y yo. Las luces fuertes enceguecen de tal modo que resulta difícil explicarlas, pero la explicación esencial es que Dios me llama y que la vida cristiana es la Eternidad comenzada en nuestra alma sobre la tierra para llegar en el cielo a la unidad completa con Dios”.

En alusión al proceso de beatificación, reconoció que “la Eucaristía que celebramos año tras año recordando su muerte, nos renueva en la oración sincera y perseverante para pedirle al Señor la gracia de la pronta Beatificación y Canonización de Enrique para Gloria de Dios. Y lo pedimos porque estamos convencidos que los santos son faros que iluminan nuestros pasos, son reflejo de la Luz del Señor”.

“Los santos son hombres de su tiempo, como cada uno de nosotros, bautizados que vivieron en serio su vocación bautismal. El siervo de Dios invitaba en sus reflexiones a creer de verdad que somos la luz del mundo, y sabía que esa luz se podía manifestar siendo santos. Sabía y así lo compartía que la mejor manera de difundir el Evangelio era viviéndolo. Y lo intentaba vivir en su familia, en su trabajo, en la empresa. Lo deseó desde chico, lo profundizó en sus años vividos”, destacó.

En ese sentido, confesó que la vida de Enrique lo invita “a trabajar para que además de buscar la propia santidad pueda ayudar al pueblo confiado a mi cuidado pastoral a transitar por estos caminos de vidas entregadas y ofrecidas, a avivar el deseo de la santidad que es configurarse con Jesús, amar, sentir, pensar como Jesús. Como Enrique, que deseaba que Cristo reine en él, en su familia, en la familia grande, en las empresas donde trabajaba, en la Patria, en la Iglesia”.

“La patria necesita, -nos compartió el Cardenal Amato cuando presidió aquí en Argentina la Misa en agosto de 2016 -, ciudadanos honestos y buenos cristianos. Y hoy lo sabemos, en estos tiempos difíciles los cristianos estamos llamados a poner el hombro y saber hacer renunciamientos que contribuyen a hacer más agradable la vida de los demás”, consideró.

“Enrique ha sido fiel y honesto, por eso pudo iluminar y puede iluminarnos a los hombres y mujeres de hoy. La conversión del corazón y las victorias interiores terminan siempre por mejorar la conducta del hombre”, afirmó.

“Podríamos decir por lo que conocemos de la vida de Enrique y sin equivocarnos, que el Siervo de Dios que hoy nos reúne en torno a esta Eucaristía pudo experimentar con el Apóstol los sentimientos de entrega y amor por su gente”, sostuvo monseñor Olivera. “Enrique Shaw, amó a los suyos al estilo cristiano, al estilo paulino, sin reservas. Su amor a Dios se hacía visible en su amor concreto a sus prójimos, a su familia, a sus amigos, a todo hombre o mujer, dirigentes u obreros. Dando y dándose”, añadió.

“Seguimos rezando por su glorificación, pero sobre todo renovemos nuestro deseo de imitarlo, y unamos nuestros corazones al suyo, porque el suyo está unidos a los mismos sentimientos de Jesús: Enrique nos decía: “Jesús no quiere comerciantes: puede ser que me pida todo, puede ser que no me pida nada, lo que sí me pide es que esté dispuesto a todo”.

“A María, a quien Enrique quería y tenía trato cercano con ella, le pedimos junto con él, ‘luz, fuerza y fidelidad a la Iglesia, sin la cual no podemos cumplir una auténtica función social’”, concluyó.+

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