Mons. Santiago llamó a sanar la grieta interior

Mons. Santiago llamó a sanar la grieta interior

San Nicolás (Buenos Aires) (AICA): El obispo de San Nicolás de los Arroyos, monseñor Hugo Santiago, presidió una misa en el santuario de María del Rosario de San Nicolás, en el marco de la Jornada Mariana, que reunió el 25 de agosto a una multitud de fieles. En su homilía, llamó a tomar el camino para sanar la grieta interior.
Una gran cantidad de fieles se congregó el domingo 25 de agosto en el santuario de María del Rosario de San Nicolás de los Arroyos para participar de la Jornada Mariana. Hubo procesión con la imagen de la Virgen y adoración al Santísimo. El obispo de San Nicolás, monseñor Hugo Santiago, presidió la misa.

En su homilía, el obispo se refirió al Evangelio en el que Jesús es consultado sobre si son muchos los que se salvan. “Y Jesús no contesta esa pregunta, sino que dice entren por el camino estrecho. El camino estrecho es la coherencia”, señaló monseñor Santiago.

En ese sentido, el prelado hizo hincapié en “la grieta”. Al respecto, expresó: “Uno puede sacar una foto de la realidad. Cuando en julio leía que en Bariloche estaban todos los lugares llenos de gente esquiando, que estaba muy lindo, y acá nosotros, desde las Cáritas veíamos que cada vez más la gente nos pedía comida, y vinieron unos obreros de una empresa que se había cerrado, yo pensé: ‘aquí está la grieta’”.

“Poquita gente que disfruta, muchísima gente que sufre hambre, no llegar a fin de mes, no tener trabajo”, lamentó. “Es importante descubrir que esa grieta de afuera tiene origen en una grieta de adentro. Hoy el Evangelio nos lleva allí, tenemos que ver que los agrietados somos nosotros”.

“De ahí Jesús nos ha venido a salvar, a darnos el don de la integridad. Las personas tenemos tres dimensiones: lo que pensamos, lo que amamos y lo que hacemos. Podemos representarlo en tres símbolos: lo que pensamos el ojo, lo que amamos el corazón, y lo que hacemos las manos”, describió.

“Hay una grieta en nosotros por el pecado, del pecado original no se salva nadie”, afirmó. “Por eso Pablo decía ‘¡Ay mi Señor, tengo una ley que me somete, porque no hago el bien que quiero y hago el mal que no quiero!’”, recordó.

En ese sentido, ejemplificó: “A veces pensamos cosas buenas: Voy a ir a visitar un enfermo, pero después falta la mano. Hay una grieta entre lo que pienso y lo que hago. Pensé hacer una cosa buena y no la hice. Una grieta entre lo que prometemos, lo que decimos y lo que hacemos. Y a veces hay una grieta entre lo que amamos y lo que hacemos: hacemos algo pero sin amor. Falta algo”, detalló. “Y a veces obramos impulsivamente, sin pensar. Cuántas veces obramos por impulso y después nos arrepentimos”, reconoció.

“Jesús nos viene a salvar de eso, nos viene a dar el don de la integridad, eso es la salvación. Para cambiar el mundo primero tenemos que cambiar nosotros”, aseguró. “Dios viene a sanarnos de eso, y eso lo hace a través de la cruz de Jesús, que se nos aplicó a nosotros en el bautismo y la confirmación. A partir de ahí podés pensar algo bueno, lo hacés con todo el amor del mundo y lo concretás. A eso estamos llamados”, exhortó.

Refiriéndose a la Virgen, monseñor Santiago afirmó que ella “no tuvo grieta, fue liberada del pecado original. Fue íntegra desde la concepción por una gracia especial que Dios le anticipó”.

“Por eso la vemos orando atenta, deja entrar a Dios, y después se va a servir a su prima Isabel presurosa. Uno va rápido cuando hace algo por gusto, cuando va con amor en el corazón. La Virgen es íntegra. Es bueno saber que la gracia de Dios nos puede hacer íntegros a todos, y esa es la coherencia que necesitamos, la santidad actual”, sostuvo.

Para finalizar, el obispo enumeró tres caminos a través de los cuales el Señor nos va sanando. “Uno es la oración: Si vos tomás la Palabra de Dios todos los días un ratito, esa Palabra te va sanando interiormente. La escucha de la Palabra de Dios es un camino de sanación”.

“El segundo camino que también es muy propio de este santuario, es el sacramento de la Reconciliación. Confesarse es celebrar un sacramento de curación. Dios, cuando te perdona los pecados, te sana interiormente”, aseguró.

“Y el tercero es la relación fraterna. La relación con los demás nos habla de nosotros mismos, nos enseña a amar. La relación humana, aunque sea exigente muchas veces, nos pide lo mejor que tenemos. Incluso a veces la capacidad del perdón, de la reconciliación, desarrollar la capacidad de ponernos en el lugar del otro… la convivencia nos mejora como personas”, continuó.

“Este es el camino, y se puede lograr. Es para todos, no es para algunos. Es difícil convertirse y ser íntegros, pero vas a ver que algún día te sale. Algún día no nos sale, pero vas a ver que otro día te sale”, animó.

“Pidámosle a la Virgen que nos muestre el ideal que podemos llegar a alcanzar todos, ella es toda bella porque es íntegra. Ella misma nos anima, Jesús Misericordioso también nos anima a intentarlo de nuevo, y de a poquito vas a ver que te va a ir saliendo”, concluyó.+

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