El Papa a las Hijas de San Pablo: “No se dejen bloquear por la resignación”

Ciudad del Vaticano (AICA): El papa Francisco recibió este viernes en la Sala Clementina del Palacio Apostólica a las religiosas participantes del Capítulo General del Instituto Pía Sociedad Hijas de San Pablo, a las que alentó a no dejarse bloquear por el cansancio ni tampoco por la resignación que “es un tumor que entra en el alma y amarga el corazón”.
El papa Francisco recibió este viernes en la Sala Clementina del Palacio Apostólica a las religiosas participantes del Capítulo General del Instituto Pía Sociedad Hijas de San Pablo, a las que alentó a no dejarse bloquear por el cansancio ni tampoco por la resignación que “es un tumor que entra en el alma y amarga el corazón”.

El pontífice explicó que esta actitud se puede ver en “los hombres y mujeres consagradas que tienen esa cara que dice ‘eh, las cosas son así, lamentablemente’”, e insistió en animarlas a “no caer en el espíritu de resignación. ¡Nunca! Largo y fructífero es el camino que han recorrido. Es largo también el camino que falta por recorrer”.

El Pontífice se refirió también al “invierno” que atraviesa la vida consagrada, la Iglesia y el mundo de hoy.

“El invierno, también en la Iglesia y en la vida consagrada, no es un tiempo estéril ni de muerte, sino un tiempo propicio que permite volver a lo esencial. Para ustedes: rencontrar los elementos de la profecía paulina, redescubrir el itinerario apostólico y misionero que no puede faltar en una hija de San Pablo, para poder vivir en las periferias del pensamiento y las periferias existenciales”, sostuvo.

“En estos tiempos ‘delicados’ y ‘duros’, como decía el papa san Juan Pablo II, la fe es más necesaria que nunca. Muchos dicen que la vida consagrada está atravesando un invierno. Puede ser que sea así porque las vocaciones escasean, la edad media avanza y la fidelidad a los esfuerzos asumidos con la profesión no es siempre la que debería ser”, destacó.

Francisco afirmó que “en esta situación, el gran desafío es atravesar el invierno para volver a florecer y dar fruto” y completó: “El frío de la sociedad, a veces también al interior de la Iglesia y de la misma vida consagrada, nos alienta a ir a las raíces y a vivir esas raíces”.

“Nutridas por la Palabra, para anunciar a todos el camino luminoso de la vida que es el Evangelio de Jesucristo, ustedes portan en vuestro adn la audacia misionera. Que nunca esta audacia venga a menos, en la conciencia que el protagonista de la misión es el Espíritu Santo”, subrayó.

Es necesario, prosiguió el Papa, “ponerse en camino por las calles del mundo, con una mirada contemplativa y llena de empatía por los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, hambrientos de la Buena Noticia y del Evangelio. Sentirse parte de un instituto en salida, en misión, poniendo todas las fuerzas al servicio de la evangelización. Dejarse interpelar por la realidad en la que vivimos, dejarse inquietar por la realidad”.

“Ser misioneras con el testimonio de la vida centrada en Cristo, en particular para ustedes, a través de la producción editorial, digital y multimedial, y promoviendo la formación crítica en el uso de los medios y la animación bíblica”, añadió.

El Papa dijo además que “todo esto es imposible sin la fe: la fe de Abraham que creía en la esperanza contra toda esperanza, la fe de María que también sin comprender el misterio que la rodea, cree y asiente: ‘Hágase en mí según tu palabra’, la fe de Pedro que pregunta ‘¿Señor, a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna’”.

Tras alentarlas a sembrar la Palabra con la comunicación, Francisco exhortó a las religiosas a “reavivar el don de la fe dejándose siempre iluminar por la Palabra. Ella es el centro de vuestra vida personal y comunitaria, en la liturgia y en la lectio divina”.

“Ponerse en camino, con la audacia que viene del Espíritu y la creatividad que ha caracterizado a vuestro fundador. Salir, partir a prisa, como la Virgen María y San Pablo, así son también ustedes llamadas a comunicar, con la vida y las obras apostólicas, la Buena Noticia a los hombres y mujeres de hoy. No hay tiempo que perder. ‘Ay de mí si no evangelizare’”, concluyó.+

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