Mons. Mirás dio gracias a Dios por sus 90 años

Mons. Mirás dio gracias a Dios por sus 90 años

La catedral Nuestra Señora del Rosario se colmó de fieles en la noche del 14 de noviembre, que se congregaron para acompañar a monseñor Eduardo Vicente Mirás, arzobispo emérito de Rosario, en la misa de acción de gracias por sus 90 años.

Concelebraron la Eucaristía monseñor Eduardo Eliseo Martín, arzobispo de Rosario; monseñor Sergio Fenoy, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz; monseñor Gustavo Help, obispo de Venado Tuerto; monseñor Damián Nannini, obispo de San Miguel; monseñor Héctor Luis Zordán M.SS.CC, obispo de Gualeguaychú; monseñor César Daniel Férnandez, obispo de Jujuy; y monseñor Héctor Cardelli, obispo emérito de San Nicolás de Arroyos, junto con numerosos sacerdotes del clero rosarino.

En su homilía, monseñor Mirás agradeció a monseñor Martín y a los obispos presentes, a los sacerdotes, religiosos, religiosas y al pueblo fiel.

“Este es un momento singular que me motiva a recordar los beneficios que Dios me ha concedido a lo largo de estos 90 años. Los muchos años vividos me permiten ser testigo del amor ilimitado por todos sus hijos”, expresó.

“Para mí es tiempo de agradecer y es tiempo de renovar una vez más mis compromisos. Pero también es para mí, tiempo de pedir perdón a Dios y a toda la comunidad por la pobreza de mi respuesta al amor de Cristo y a la comprensión que todos me han brindado siempre. Perdón por los empeños pastorales que no abordé y por los ejemplos de vida evangélica que no supe dar”.

“La palabra proclamada en esta misa propone dos ideas fundamentales. Dios gobierna la historia con infinita sabiduría y Jesucristo, su Hijo, atento siempre a la voluntad del Padre nos muestra el camino que tenemos que seguir”, destacó.

“Es Dios quien desde la eternidad determina la existencia y el quehacer y fija su camino. Cada uno llega al mundo con una misión que habrá de constituirse en la vocación de su vida porque no fuimos nosotros quienes elegimos sino el Señor quien nos destinó para una tarea que de fruto duradero”, añadió.

“Es parte de la responsabilidad cada uno de nosotros, el cumplimiento de esa misión singular, cumplimiento que debería ser siempre abordado desde el consejo que María Santísima nos dejó en las bodas de Caná: ‘Hagan todo lo que Él les diga’”, señaló.

“Así hizo Jesús, vino a cumplir la voluntad del Padre, redimir nuestros pecados y salvarnos. Para eso asumió la responsabilidad de todas nuestras culpas liberándonos de ellas con su muerte redentora”.

“El discípulo debe estar dispuesto a padecer cualquier contradicción antes que abandonar la senda del Evangelio. Cristo por algo en el Huerto de los Olivos se constituye en el paradigma de esta entrega: ‘Padre, si quieres aleja de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya’. De allí deriva que quien sirva a Jesús será honrado por el Padre, que pagará a cada uno según su conducta, será premiado con las Bienaventuranzas por haber guardado su Palabra”, detalló.

“Seguir a Cristo es la meta de cada bautizado, el camino que todos y cada uno debemos recorrer para alcanzar la santidad a la que estamos llamados, porque fuimos elegidos por el Señor para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor, nos dice Pablo y nos lo recuerda el Papa en su exhortación Gaudete et Exsultate”, afirmó.

“A medida que se van sumando los años se padece más el pesar de no haber buscado con empeño esa perfección, la tristeza de no ser santos se va convirtiendo ante cualquier angustia en la habitual pregunta: ¿Dónde está Jesús?”, admitió monseñor Mirás. “No difiere tanto de la inquietud de los discípulos de Emaús angustiados por no descubrir la presencia de Cristo y desconocer cómo obrar”, comparó.

“Entre tanto Él, oculto en el peregrino que se sumó en el camino, hizo arder sus corazones con su Palabra, el Evangelio, y se dejó reconocer por ellos, sólo repitiendo el gesto acostumbrado de partir el pan para la mesa. Es que Jesús está en las alegrías y las angustias acostumbradas de cada día. Y todas estas alegrías y angustias debemos incorporarlas a nuestra Eucaristía cotidiana, rogando con la plegaria de Cleofás: ‘Quédate con nosotros Señor porque ya anochece y el día se acaba’”, concluyó.

Antes de finalizar la misa y en nombre de la arquidiócesis de Rosario, monseñor Martín agradeció la presencia, la sabiduría, el testimonio y la generosidad de monseñor Mirás con unas palabras llenas de emoción. “Es importante para todos contar con su presencia, su paternal cercanía, su ejemplo y sus consejos”, reconoció el prelado.

Luego de la misa, se realizó un brindis en la Casa de la Comunidad de la Iglesia Catedral. Allí, Juan José Granado, vicepresidente de la Acción Católica, relató el motivo de la frase elegida para la jornada “No pongamos límites a la Gracia de Dios”.

“Estando en la Sede de la ACA, monseñor Mirás sube a la capilla a buscar el leccionario y el misal”, recordó, y recreó un diálogo que mantuvieron:
Mons. Mirás: Me cuesta más bajar que subir las escaleras.
–Juan G.: Pero no Monseñor, si usted es joven.
–Mons. Mirás: Tenés razón, recién voy a cumplir 89 años
—Juan G: Claro… Y usted va a vivir hasta los 100.
Mons. Mirás: No le pongas límite a la gracia de Dios.

Juan José Granado agradeció, en nombre de la Junta Arquidiocesana Coordinadora del Apostolado de los Laicos, por su testimonio, su cercanía y su entrega generosa. Luego Roberto Carbone, expresidente de la Acción Católica de Rosario, hizo hincapié en el trabajo con los laicos.+

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