Primera carta pastoral de monseñor Scheinig: “Al ritmo del Espíritu del Señor”

Primera carta pastoral de monseñor Scheinig: “Al ritmo del Espíritu del Señor”

El arzobispo de Mercedes-Luján, monseñor Jorge Eduardo Scheinig, publicó una carta pastoral titulada “Al ritmo del Espíritu del Señor”, con algunas propuestas para llevar a cabo en la Iglesia arquidiocesana.
A lo largo de 150 puntos, la carta expresa la unión pastoral entre el arzobispo y el pueblo fiel que peregrina en la Iglesia de Mercedes-Luján, a la que se compromete a entregarle su vida.

La carta es una invitación a emprender una nueva etapa en el camino eclesial, un nuevo capítulo en el libro de la vida de la arquidiócesis, que se viene escribiendo desde hace 85 años. En ese sentido, propone algunos criterios pastorales e invita a la comunidad a un diálogo creativo.

En sus líneas, manifiesta el sueño de una Iglesia “Comunidad de Comunidades”, con gran capacidad para entrar en comunión, reunir, generar amistad y aceptar la pluralidad. Además, en consonancia con el Santo Padre, exhorta a la “salida misionera” y a la “entrega servicial”, recordando que “lo que está en juego con nuestra acción pastoral es el Reino de Dios”.

Aunque a veces experimentamos la angustia y la desesperanza del sinsentido, señaló el prelado, “Dios está aquí, en medio nuestro y crece desde lo pequeño como un grano de mostaza”. Por eso, recuerda que estamos “llamados y enviados, convocados y en salida” para dar testimonio de la presencia de Dios.

Por otra parte, llama a “estar dispuestos al dinamismo del Espíritu de Dios”, y reconoce que “en este momento de la historia, el Espíritu de Dios sopla con fuerza para sacarnos de donde estamos, para desinstalarnos y nos envía hacia donde está la vida vulnerada, nos pide que armemos carpas allí, no aquí donde estamos cómodos y controlamos las cosas, sino entre los pobres, los enfermos, los abandonados, estigmatizados, descartados y allí nos mueve a experimentar la alegría del Evangelio, lavando los pies, sanando heridas, compartiendo mates, vida, luchas, esperanzas. ¡Vayamos, vayamos sin miedos!”, exhorta.

Llamando a “vivir en el Espíritu”, monseñor Scheinig señala la necesidad de “acostumbrarnos a que nuestras acciones pastorales estén marcadas por la presencia del Señor, encomendarnos a Él, pedirle a Él, salir con Él”.

Asimismo, menciona especialmente el llamado a pensar en clave de ecología integral, tomar conciencia de que todo está conectado y que “nos salvamos juntos”. En ese sentido, considera indispensable una “conversión profunda”.

“Hablar de Ecología Integral, es para mí, asumir el desafío de una evangelización que se ocupa de la persona y de la comunidad humana de manera integral e integradora, es decir, sin fragmentar o separar a la persona de los otros, de la fraternidad humana, de la Madre tierra, de la cuestión social, política y económica y de la cultura. La evangelización debe tomar a todo el hombre, a todos los hombres y sus circunstancias. Evangelizar no es una cuestión intimista, no es hacer una experiencia cálida de Dios, ni llevar a las personas a la fantasía de una bendición para el progreso personal o colectivo”, detalla.

Monseñor Scheinig se muestra convencido de que en este tiempo de Ecología Integral es importante “acentuar, insistir, destacar, enfatizar el anuncio kerigmático” y considera “que este es un momento oportuno para animar e inspirar la nueva cultura que se está gestando, ofreciendo a un Jesús vivo y a un mensaje lleno de vida y hacerlo a partir de cristianos testigos”.

Refiriéndose al estilo sinodal que propone el papa Francisco, el arzobispo explica: “El estilo eclesial, sinodal, tiene como desafío recrear todo nuestro universo vincular, empezando por los vínculos con nuestro Dios, nuestra ligazón con Él, nuestro modo de ser religiosos, nuestra religiosidad”.

“Ese es el modelo de vincularidad para vivir entre nosotros. Necesitamos crecer en una Iglesia capaz de una fraternidad madura y madurada en la confianza, la libertad, la escucha sincera, el diálogo, la corresponsabilidad, la comunión y la participación”, añade.

En ese sentido, anticipa la búsqueda de ese estilo sinodal para la arquidiócesis, para lo que se propone realizar visitas pastorales a las diversas comunidades parroquiales.

Destacando la presencia de María en sus advocaciones de Luján y de las Mercedes, llama a trabajar por comunidades cuidadoras de la vida: “la vida por nacer, la de los niños, los jóvenes, las mujeres, ancianos, enfermos, pobres, sin trabajo, sin techo, jóvenes con adicciones problemáticas, la de los presos, ya que en nuestra diócesis tenemos muchas penitenciarías. Toda vida es valiosa. ¡Nadie es descartable!”, exclama.

“En el año 2030 se cumplirán los 400 años del Milagro de la Virgen de Luján, debemos llegar a esa enorme celebración con una muy buena preparación junto a toda la Iglesia en la Argentina”, anticipa el prelado en su carta, y reconoce: “Siento que debemos beber más de este pozo de agua fresca que es la Virgen y el santuario. Creo que podríamos aprovechar mucho más esta gracia de Dios y de la Virgen. Sacar más frutos de esta experiencia de Iglesia tan original, de la religiosidad y mística popular y de tanta vida de Dios regalada en ese lugar”.

“Por otra parte, muchas veces he meditado si el ser la Iglesia particular que tiene a la Virgen de Luján, no será ese uno de los motivos de nuestras dificultades que son de público conocimiento. Porque ‘el enemigo’ de Dios y de los hombres, ataca, nos asalta y no descansa hasta destruir lo mejor de nosotros mismos”, advierte.

“Es muy importante que las parroquias de una misma ciudad trabajen pastoralmente cada vez más juntas para: dar testimonio de comunión, para ser más eficaces en la evangelización, para compartir los recursos, para el bien de toda esa ciudad”.

“Necesito escucharlos y que nos escuchemos entre todos ellos, intentaré impulsar criterios pastorales lo suficientemente sólidos como para generar una dinámica de comunión y solidaridad entre parroquias de la misma ciudad”, se compromete.

Finalmente, enfatizó la necesidad de una buena comunicación, teniendo en cuenta las distancias geográficas; de aprovechar la riqueza de las distintas áreas pastorales, las instituciones y movimientos, sabiendo que no existe una única respuesta pastoral, sino que hay que ser capaces de dar respuestas adecuadas a la diversidad, porque en la mesa del Padre “nadie sobra”. En ese sentido, llama a “ponerse al servicio”, con una dinámica que vaya desde las periferias hacia el centro.

Recordando al beato Angelelli, considera: “Con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio”, como un método pastoral válido para todos los tiempos, para hacer entrar en diálogo fecundo la realidad con el Evangelio.

En cuanto a los sacerdotes de la arquidiócesis, reconoce que “no son tiempos fáciles para ser sacerdote”, porque todo está cuestionado. “No tenemos que tenerle miedo a nuestra vulnerabilidad expuesta. Somos pecadores en camino de conversión, con enormes deseos de santidad. Somos sanadores heridos y nos animamos a sanar porque nosotros mismos fuimos sanados y rescatados. Todo se lo debemos a Jesús y por eso lo seguimos con todo el corazón. Les pido a las comunidades que no dejen de rezar por sus sacerdotes!”, anima, anhelando también una estabilidad de tiempo y residencia de los pastores en las comunidades.

Dirigiéndose a la comunidad de religiosos y religiosas, expresa: “No son tiempos fáciles ya que ‘mucho es el trabajo y poco los trabajadores’, pero deseo de corazón que se sigan sintiendo en casa y puedan continuar insertándose carismáticamente en la vida pastoral de la diócesis. ¡Son muy valiosas y valiosos! ¡Los necesitamos!”.

En cuanto a las instituciones educativas, el arzobispo advierte que “no alcanza que nuestras familias las elijan por criterios muchas veces prácticos: la continuidad de clases y porque se educa bien. Debemos trabajar para que se elijan porque en nuestro proyecto educativo logramos formar personas con una identidad clara y un sentido de la vida cristiano”.

Para finalizar, se refiere al desafío de “generar recursos económicos genuinos para sostener la evangelización” en este momento de la economía “que mucho hace sufrir a la mayoría de nuestras familias y comunidades”.

“Por otra parte, la Iglesia debe ser pobre, para los pobres y confiar en los medios pobres para que lo primero y más importante sea Jesús, su Reino, su Evangelio y no los recursos económicos que muchas veces por ostentosos, ocultan o por lo menos ensombrecen lo verdaderamente necesario”, alerta.

“Seguiré revitalizando el Consejo Diocesano de Asuntos Económicos e impulsaré a que cada parroquia tenga también su Consejo Económico para juntos, promover un nuevo Plan de Economía Solidaria que nos ayude a trabajar en red y compartir solidariamente los recursos de los que todos somos simples administradores, empezando por mí”, sostiene.

Además, sobre las posibles denuncias por abuso, considera necesario, respondiendo al motu proprio del papa Francisco “Vos estis lux mundi”, que se establezca en la arquidiócesis “uno o más sistemas estables y fácilmente accesibles al público para presentar los informes, incluyendo eventualmente a través de la creación de un oficio eclesiástico específico”.

“Es mi intención consultar a los obispos de las diócesis sufragáneas sobre la conveniencia o no de compartir el mismo espacio para las posibles denuncias sobre abusos de niñas, niños, adolescentes o personas vulnerables”, detalla.

“Lejos de ser últimas palabras, son las primeras que les digo como pastor con el fin de que conozcan hacia dónde iré encaminando la vida de la diócesis. Mucho más de lo dicho aquí, es lo que tenemos que ir escribiendo juntos en el camino de la vida. Aquí van las primeras orientaciones generales, como para generar un diálogo creativo en cada comunidad, en cada grupo, en fin, en nuestra Iglesia arquidiocesana. Pongo toda la vida de nuestra Iglesia en las manos buenas del Dios que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, Comunidad de amor, que nos ama infinita e incondicionalmente y en las manos tiernas de María, madre nuestra”, concluye.+

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