La Academia Pontificia de Ciencias Sociales aboga por una sociedad participativa e inclusiva

La Academia Pontificia de Ciencias Sociales aboga por una sociedad participativa e inclusiva

Ciudad del Vaticano (AICA): Del 28 de abril al 2 de mayo, la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales realizó su sesión plenaria sobre el tema “Hacia una sociedad participativa: Nuevas vías para la integración social y cultural”. El papa Francisco envió un mensaje especial, fechado el 24 de abril y publicado en el Osservatore Romano el 29 de abril que sirvió de hilo conductor de los trabajos que se realizaron en la reunión de la Academia.
Del 28 de abril al 2 de mayo, la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales realizó su sesión plenaria sobre el tema “Hacia una sociedad participativa: Nuevas vías para la integración social y cultural”. El papa Francisco envió un mensaje especial, fechado el 24 de abril y publicado en el Osservatore Romano el 29 de abril que sirvió de hilo conductor de los trabajos que se realizaron en la reunión de la Academia.

Monseñor Marcelo Sánchez Sorondo; la profesora Margaret S. Archer, canciller y presidenta de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, respectivamente; el profesor Pierpaolo Donati de la Universidad de Bolonia (Italia) y el profesor Paulus Zulu de la Universidad de Natal (Sudáfrica), presentaron un comunicado de prensa con las conclusiones de los trabajos realizados.

En el texto se explica que “los participantes en la Asamblea Plenaria abordaron la cuestión de la sociedad participativa definiendo en primer lugar los conceptos de participación, lucha contra la exclusión e integración social y cultural, para luego considerar los fenómenos empíricos, sus causas y las posibles soluciones”, añadiendo que “se trata de conceptos y procesos multidimensionales que no son idénticos entre sí y, sin embargo conectados de varias maneras”.

“La participación puede ser institucional o espontánea –señala el comunicado- La exclusión puede ser activa (intencional, como en el caso de la discriminación por motivos de origen étnico o religioso) o pasiva (debido a causas accidentales, como una fuerte crisis económica). En ambos casos es el resultado de procesos que se han analizado en sus mecanismos generativos, dado que la integración social y cultural es el resultado de la modificación de estos mecanismos, que son económicos, sociales, culturales y políticos”.

“El objetivo –continúa- de la inclusión de las personas y comunidades en la sociedad no puede perseguirse con medidas forzadas o de una forma estandarizada (por ejemplo, con sistemas escolares que no toman en cuenta las diferencias culturales y las culturas locales). Una participación social real es posible sólo a condición de que haya libertad religiosa”.

El comunicado de prensa señala que los trabajos pusieron de manifiesto “la preocupación por la propagación de la fragmentación social, por un lado y, al mismo tiempo, por la incapacidad de los sistemas políticos para gobernar la sociedad. Estos dos fenómenos se están extendiendo en muchos países y crean situaciones de fuerte desintegración social, en la se hace cada vez más difícil crear formas de participación social basadas en los principios de justicia, solidaridad y fraternidad”.

Sobre las causas de estas tendencias perturbadoras que actúan en contra de una sociedad más participativa se identificaron las siguientes: la crisis de la representación política, las crecientes desigualdades sociales, los desequilibrios demográficos a nivel mundial, la creciente migración y el alto número de refugiados, el papel ambivalente de las tecnologías de información y comunicación, los conflictos religiosos y culturales.

De todas estas causas la Academia Pontificia de Ciencia Sociales señala que “ciertamente, el factor más importante en contra de la participación social es la creciente desigualdad social entre élites restringidas y la masa de la población”.

Y explican que “las estadísticas sobre la distribución de la riqueza y las oportunidades de vida indican las enormes diferencias entre los países entre sí y en el interior de los mismos. Suscita gran preocupación el hecho de que en Europa y América, la clase media se haya debilitado mucho, a diferencia de otros países como India y China, donde se fortaleció. Hay que señalar que cuando la clase media sufre contratiempos, la democracia participativa está en peligro”.

La Academia de Ciencias Sociales subraya que “a pesar de todo esto, se puede trabajar para una mejor sociedad participativa siempre que se consiga instaurar una verdadera cooperación subsidiaria entre un sistema político que se haga sensible a la voz de los que no está representados, una economía civilizada y formas asociativas de sociedad civil basadas en redes de reciprocidad”.

Como propuesta señalan que “es necesario crear formas circulares de participación ‘top-down’ a ‘bottom-up’ (de arriba abajo y viceversa), valorizando las realidades intermedias basadas en el principio de colegialidad”.

El comunicado concluye señalando que “una sociedad participativa es la que defiende y promueve los derechos humanos, consciente de que la legislación sobre ellos no puede lograr ningún proyecto utópico de transformación social, sino crear solamente condiciones positivas dentro de las cuales las personas y los grupos pueden actuar con ética, es decir, tener la oportunidad de dedicarse al bien recíproco, y de poner a punto nuevas iniciativas sociales que generen una mayor inclusión social”.+

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