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Ciudad del Vaticano (AICA): Luego de la misa por la Evangelización de los Pueblos, en la Jornada Mundial de las Misiones, el papa Francisco presidió el rezo mariano del Ángelus ante la multitud presente en la Plaza San Pedro. Se refirió especialmente a la importancia de los misioneros, invitando a rezar por ellos y colocando a la oración como “condición indispensable” para vivir plenamente la misión.
Al rezar el ángelus en la Jornada Mundial Misionera, el papa Francisco dijo a los miles de fieles presentes en la Plaza de San Pedro: “La Jornada Mundial Misionera, que se celebra hoy, es una ocasión favorable para que cada bautizado sea más consciente de la necesidad de cooperar en la proclamación del Reino de Dios a través de un compromiso renovado”.

Luego de concluir la misa por la Evangelización de los Pueblos, Francisco recordó la Carta Apostólica Maximum Illud promulgada por Benedicto XV hace 100 años, que insta a dar “un nuevo impulso a la responsabilidad misionera de toda la Iglesia”.

Seguidamente, Francisco se refirió a la “globalización que sufre de homologación y viejos conflictos de poder que alimentan las guerras y arruinan el planeta”, y señaló que en este contexto los cristianos estamos llamados a llevar la Buena Noticia: “Se trata de escuchar el fuerte llamado a la misión a todos los pueblos y a aquellos que viven al margen aquí entre nosotros. Es de nuestra fraternidad, vivida con fe y caridad, que fluyen la fuerza y el impulso hacia la misión”.

El Papa mencionó a la oración como “condición indispensable” para vivir plenamente la misión: “Una oración ferviente e incesante, según la enseñanza de Jesús proclamada también en el Evangelio de hoy, en la que Él cuenta una parábola sobre la necesidad de rezar siempre, sin cansarse nunca”.

Finalmente, el Pontífice invitó a los presentes a rezar por los misioneros y recordó al nuevo beato proclamado ayer, sábado 19 de octubre, el mártir Don Alfredo Cremonesi, sacerdote misionero del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras, asesinado en Birmania en 1953: “Fue un incansable apóstol de paz y un celoso testigo del Evangelio, hasta el derramamiento de sangre”.+

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Ciudad del Vaticano (AICA): Luego de la misa por la Evangelización de los Pueblos, en la Jornada Mundial de las Misiones, el papa Francisco presidió el rezo mariano del Ángelus ante la multitud presente en la Plaza San Pedro. Se refirió especialmente a la importancia de los misioneros, invitando a rezar por ellos y colocando a la oración como “condición indispensable” para vivir plenamente la misión.
Al rezar el ángelus en la Jornada Mundial Misionera, el papa Francisco dijo a los miles de fieles presentes en la Plaza de San Pedro: “La Jornada Mundial Misionera, que se celebra hoy, es una ocasión favorable para que cada bautizado sea más consciente de la necesidad de cooperar en la proclamación del Reino de Dios a través de un compromiso renovado”.

Luego de concluir la misa por la Evangelización de los Pueblos, Francisco recordó la Carta Apostólica Maximum Illud promulgada por Benedicto XV hace 100 años, que insta a dar “un nuevo impulso a la responsabilidad misionera de toda la Iglesia”.

Seguidamente, Francisco se refirió a la “globalización que sufre de homologación y viejos conflictos de poder que alimentan las guerras y arruinan el planeta”, y señaló que en este contexto los cristianos estamos llamados a llevar la Buena Noticia: “Se trata de escuchar el fuerte llamado a la misión a todos los pueblos y a aquellos que viven al margen aquí entre nosotros. Es de nuestra fraternidad, vivida con fe y caridad, que fluyen la fuerza y el impulso hacia la misión”.

El Papa mencionó a la oración como “condición indispensable” para vivir plenamente la misión: “Una oración ferviente e incesante, según la enseñanza de Jesús proclamada también en el Evangelio de hoy, en la que Él cuenta una parábola sobre la necesidad de rezar siempre, sin cansarse nunca”.

Finalmente, el Pontífice invitó a los presentes a rezar por los misioneros y recordó al nuevo beato proclamado ayer, sábado 19 de octubre, el mártir Don Alfredo Cremonesi, sacerdote misionero del Pontificio Instituto para las Misiones Extranjeras, asesinado en Birmania en 1953: “Fue un incansable apóstol de paz y un celoso testigo del Evangelio, hasta el derramamiento de sangre”.+

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Mons. Croxatto: ¡Que Dios las bendiga a todas las madres!

Neuquén (AICA): El obispo de Neuquén, monseñor Fernando Croxatto, saludó a las madres en su día y les hizo llegar su cercanía y agradecimiento porque, afirmó: “Necesitamos a las mujeres madres, que ellas puedan ejercer este don que solamente ellas pueden ejercer”. En un mensaje, también les pidió que “nos regalen cada día la alegría y la ternura de su maternidad, la protección que nos da esa maternidad a todos los hombres”.
“Qué lindo es recordar a aquella que nos ha engendrado, que nos ha concebido, que nos ha madurado en su vientre. Aquella que nos alimentó, que nos protegió, nos integró”, exclamó el obispo de Neuquén, monseñor Fernando Croxatto, en un saludo a las madres en su día.

El prelado consideró que “lo primero que a uno le pasa cuando llega este día, es sentir el deseo de hacer una acción de gracias por aquella que fue la que hizo posible que yo hoy sea, que esté vivo, que tenga vida”.

“En esa memoria, lo primero que sale es una memoria agradecida por aquella que me llevó a mí y qué lindo es que podamos tener todos esta memoria agradecida”, subrayó.

Monseñor Croxatto manifestó que en las celebraciones de este domingo se tendrá presente a todas las madres, a las que ya partieron y a las que aún están, e invitó a “pensar que esta mujer, madre, tuvo esa valentía, aún en medio de sus dificultades, de su dolor, de poder engendrar esta vida, este ser que soy yo”.

“Y siempre, si uno valora su propia vida, si uno reconoce la propia dignidad de uno, el valor de uno mismo, eso no tiene precio. Por eso, más allá de las circunstancias, de las situaciones, de las cercanías o distancias que podamos haber tenido con nuestra madre, que lindo es tener siempre esta memoria agradecida”, destacó.

El obispo neuquino saludar a todas las mujeres madres: “A las que han sido y son madres; a las que ya no están las tengo presente en la oración y, a las que están, quiero hacerles llegar mi cercanía, mi afecto, mi agradecimiento, porque necesitamos a las mujeres madres; que ellas puedan ejercer este don que solamente ellas pueden ejercer”.

“Lo necesitamos por todo eso que encierra el don de la maternidad; hoy, en estos tiempos de tanta desprotección, de tanto abandono, de tanta falta de acogida, de tantas divisiones y violencias, necesitamos que las mujeres madres nos compartan y pongan en escena, este don grande que brota de su propia maternidad, que es un don de Dios”, agregó.

Monseñor Croxatto animó a las madres, en este tiempo difícil, a que “nos regalen cada día la alegría y la ternura de su maternidad, la protección que nos da esa maternidad a todos los hombres” y concluyó: “¡Que Dios las bendiga a todas!”.+

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Una multitud se congregó en la mañana del domingo 20 de octubre en la Plaza de San Pedro para participar de la Eucaristía por el Día Mundial de las Misiones, presidida por el papa Francisco.
En su homilía, el Santo Padre se centró en tres palabras presentes en las lecturas: “monte”, “subir” y “todos”.

El monte, explicó el Papa, “es el lugar donde a Dios le gusta dar cita a toda la humanidad. Es el lugar del encuentro con nosotros, como muestra la Biblia, desde el Sinaí pasando por el Carmelo, hasta llegar a Jesús, que proclamó las Bienaventuranzas en la montaña, se transfiguró en el monte Tabor, dio su vida en el Calvario y ascendió al cielo desde el monte de los Olivos. El monte, lugar de grandes encuentros entre Dios y el hombre, es también el sitio donde Jesús pasa horas y horas en oración, uniendo la tierra y el cielo; a nosotros, sus hermanos, con el Padre”.

“¿Qué significado tiene para nosotros el monte?”, planteó el Santo Padre. “El monte es un lugar donde tomamos distancia, para acercarnos a Dios y a los demás: el silencio, la oración nos acercan a Dios, pero nos distancian de las habladurías”. Igual con los demás: “El monte nos recuerda que los hermanos y las hermanas no se seleccionan, sino que se abrazan, con la mirada y, sobre todo, con la vida. El monte une a Dios y a los hermanos en un único abrazo, el de la oración”.

“La misión comienza en el monte: allí se descubre lo que cuenta”, consideró. “En el corazón de este mes misionero, preguntémonos: ¿Qué es lo que cuenta para mí en la vida? ¿Cuáles son las cumbres que deseo alcanzar?”, animó.

En segundo lugar, Francisco citó al profeta Isaías cuando anima: «Vengan, subamos al monte del Señor». En ese sentido, explicó: “No hemos nacido para estar en la tierra, para contentarnos con cosas llanas, hemos nacido para alcanzar las alturas, para encontrar a Dios y a los hermanos. Pero para esto se necesita subir: se necesita dejar una vida horizontal, luchar contra la fuerza de gravedad del egoísmo, realizar un éxodo del propio yo”.

“Subir, por tanto, cuesta trabajo, pero es el único modo para ver todo mejor, como cuando se va a la montaña y sólo en la cima se vislumbra el panorama más hermoso y se comprende que no se podía conquistar sino avanzando por aquel sendero siempre en subida”.

En ese sentido, advirtió: “No se puede subir bien si se está cargado de cosas”. Por tanto, el secreto de la misión es la renuncia: “para anunciar se necesita renunciar”. E insistió: “una vida de servicio, que sabe renunciar a muchas cosas materiales que empequeñecen el corazón, nos hacen indiferentes y nos encierran en nosotros mismos”.

“¿Cómo es mi subida? ¿Sé renunciar a los equipajes pesados e inútiles de la mundanidad para subir al monte del Señor?”, animó a preguntarse.

Finalmente, recordando a San Pablo, se refirió a la palabra “todos”, y señaló que Dios quiere «que todos los hombres se salven». En ese sentido, afirmó: “El Señor es obstinado al repetir este todos. Sabe que nosotros somos testarudos al repetir ‘mío’ y ‘nuestro’: mis cosas, nuestra gente, nuestra comunidad…, y Él no se cansa de repetir: ‘todos’. Todos, porque ninguno está excluido de su corazón, de su salvación”
“Esta es la misión: subir al monte a rezar por todos y bajar del monte para hacerse don a todos”, sostuvo.

“El testigo de Jesús jamás busca ser destinatario de un reconocimiento de los demás, sino que es él quien debe dar amor al que no conoce al Señor”, añadió.

Para ir al encuentro de todos, consideró Francisco, hay una sola instrucción: “hagan discípulos. Pero, atención: discípulos suyos, no nuestros. La Iglesia anuncia bien sólo si vive como discípula. Y el discípulo sigue cada día al Maestro y comparte con los demás la alegría del discipulado. No conquistando, obligando, haciendo prosélitos, sino testimoniando, poniéndose en el mismo nivel, discípulos con los discípulos”.

“Estamos aquí para testimoniar, bendecir, consolar, levantar, transmitir la belleza de Jesús”, concluyó el pontífice, animando a los presentes: “¡Él espera mucho de ti! El Señor tiene una especie de ansiedad por aquellos que aún no saben que son hijos amados del Padre, hermanos por los que ha dado la vida y el Espíritu Santo. ¿Quieres calmar la ansiedad de Jesús? Ve con amor hacia todos, porque tu vida es una misión preciosa: no es un peso que soportar, sino un don para ofrecer. Ánimo, sin miedo, ¡vayamos al encuentro de todos!”.+

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Mons. Lozano: “Las próximas generaciones tienen derecho a disfrutar de la madre tierra”

San Juan (AICA): El arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Eduardo Lozano, consideró que las próximas generaciones “tienen derecho a disfrutar de una madre tierra vital y joven”. En cambio, lamentó, “se la estamos avejentando provocándole arrugas y achaques. Les estamos avejentando la casa común”.
El arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Eduardo Lozano, consideró que las próximas generaciones “tienen derecho a disfrutar de una madre tierra vital y joven”, pero en cambio, lamentó, “se la estamos avejentando provocándole arrugas y achaques. Les estamos avejentando la casa común”.

“Hemos recibido un hogar hermoso y, como si fuéramos inquilinos despiadados, la vamos a entregar en condiciones deplorables. Las próximas generaciones nos reclamarán (y ojalá lo hagan cuanto antes) no haberlos tenido en cuenta”, reconoció.

Ante esta situación, el prelado pidió: “Paremos de una buena vez. Ya es tarde. Varias especies ya han sido eliminadas. Otras están arrinconadas y en serio riesgo de extinción”.

“Es una pena que estas cuestiones no estén siendo abordadas en los debates políticos de este tiempo electoral”, cuestionó.

Monseñor Lozano destacó, en cambio, que el Sínodo que el papa Francisco convocó en Roma sobre la Amazonía “busca sensibilizar a la humanidad acerca de los serios desafíos que enfrentamos” y planteó: “Una región del Planeta que nos beneficia a todos, y cuyo deterioro incide también en toda la humanidad”.

“Ella, la madre tierra, nos ha cuidado desde pequeños. Abracemos agradecidos su bondad y empeño por la vida”, concluyó.+

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La Plata (Buenos Aires) (AICA): El arzobispo de La Plata, monseñor Víctor Manuel Fernández, precisó cuál es el aporte de la Iglesia a la sociedad, más allá de los aspectos religiosos o espirituales; detalló las acciones que lleva adelante en el campo de la educación y la promoción humana, y respondió a la pregunta “cómo se sostienen en la Argentina los obispos, sacerdotes y seminaristas”. Lo hizo en una nota publicada en el diario El Día.
El arzobispo de La Plata, monseñor Víctor Manuel Fernández, precisó cuál es el aporte de la Iglesia a la sociedad, más allá de los aspectos religiosos o espirituales habitualmente conocidos.

En una nota titulada ¿Para qué sirve hoy la Iglesia en La Plata?, publicada en el diario El Día, el prelado detalló las acciones que se llevan adelante en la arquidiócesis, similares a las que se realizan en el resto de las jurisdicciones eclesiásticas del país.

Asimismo, respondió con datos concretos a la pregunta “cómo se sostienen en la Argentina los obispos, sacerdotes y seminaristas”, a fin -subrayó- de “dejar de lado algunos mitos”.

“No hay una asignación del Estado para los sacerdotes. Sólo los obispos reciben en promedio 46.000 pesos mensuales y hay una ayuda para los seminarios de 3.000 pesos por seminarista. Todo esto suma aproximadamente 130 millones de pesos anuales para todo el país”, indicó.

“Pero hay una contrapartida que pocos conocen: si sumamos únicamente las colectas que hacen las parroquias para Cáritas y Más por menos (sólo dos domingos al año), la Iglesia recauda más de 130 millones de pesos destinados a personas y lugares necesitados”, especificó.

Monseñor Fernández afirmó, no obstante, que el Episcopado está avanzando en orden a “eliminar gradualmente el exiguo aporte estatal a partir de marzo de 2020”.

“Como toda institución humana, la Iglesia tuvo y tiene limitaciones y errores, pero no se puede ignorar que realiza un aporte que supera ampliamente la ayuda que recibe del Estado. Esto puede ser valorado aun por quienes no tienen fe. Las distancias ideológicas no deberían impedir el reconocimiento de esta realidad y la búsqueda del bien común más allá de las diferencias”, concluyó.

Texto de la nota
A veces preguntan cuál es el aporte de la Iglesia a la sociedad. Tomemos información objetiva de los partidos de La Plata, Berisso, Ensenada, Magdalena y Punta Indio. Sin mencionar los aspectos religiosos o espirituales, podemos remitirnos a los siguientes datos de 2019:

1. En esta región Caritas y otras instituciones católicas entregan en el año más de 750.000 kilos de alimentos. Además de la asistencia esporádica, ayudan de forma estable a 6.093 familias con alimentos, ropa y medicinas, más la ayuda alimentaria a muchos niños y adolescentes en merenderos y almuerzos.

2. A esto se añade la labor educativa que llega a 57.520 alumnos en 151 escuelas propias (en las cuales la Arquidiócesis cubre entre el 40% y el 100% de los gastos totales).

3. Además, la Iglesia aporta en la región talleres de capacitación laboral para cientos de personas, dos centros de acompañamiento de adictos (que llegan a 119 jóvenes), actividades permanentes de apoyo escolar, ayuda y asesoramiento a madres solteras y mujeres en riesgo, asilo y talleres para adultos mayores, una oficina de empleo que auxilió este año a 1.060 personas, asesoramiento jurídico y de trámites. También apoya iniciativas de diversas organizaciones de la sociedad civil y se ofrece como espacio de diálogo.

¿Cómo se sostienen en Argentina los obispos, sacerdotes y seminaristas? Veamos los datos concretos para dejar de lado algunos mitos. No hay una asignación del Estado para los sacerdotes. Sólo los obispos reciben en promedio $ 46.000 mensuales y hay una ayuda para los seminarios de $3000 por seminarista. Todo esto suma aproximadamente 130 millones de pesos anuales para todo el país. Pero hay una contrapartida que pocos conocen: si sumamos únicamente las colectas que hacen las parroquias para Caritas y Más por menos (sólo dos domingos al año), la Iglesia recauda más de 130 millones de pesos destinados a personas y lugares necesitados. No obstante, el Episcopado está avanzando en orden a eliminar gradualmente el exiguo aporte estatal a partir de marzo de 2020. Por otra parte, la Iglesia paga todos los servicios. Sólo hay algunas exenciones impositivas, pero en general también las tienen otras iglesias y otros cultos, asociaciones civiles, partidos políticos, fundaciones, sindicatos, etc.

Como toda institución humana, la Iglesia tuvo y tiene limitaciones y errores, pero no se puede ignorar que realiza un aporte que supera ampliamente la ayuda que recibe del Estado. Esto puede ser valorado aun por quienes no tienen fe. Las distancias ideológicas no deberían impedir el reconocimiento de esta realidad y la búsqueda del bien común más allá de las diferencias.+

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