Mons. Colombo marca cómo vivir un Pentecostés exigente

Mons. Colombo marca cómo vivir un Pentecostés exigente

Mendoza (AICA): “En estos días vivimos un Pentecostés exigente en el que también nosotros queremos abrir las puertas de nuestro corazón y más allá del aislamiento social, preventivo y obligatorio, estar siempre atentos a las necesidades de los demás, saber conectar con esas necesidades y aportar aquella palabra, aquel consuelo, la fortaleza que tanto se necesita”, destacó el arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Colombo, en la misa para esta solemnidad.
El arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Daniel Colombo, celebró la misa de la solemnidad de Pentecostés desde el Carmelo del Espíritu Santo y María Madre de la Iglesia, en la localidad mendocina de Mayor Drummond, que fue transmitida en directo por medios digitales y redes sociales a raíz de la pandemia del coronavirus.

En la homilía, el prelado recordó que “esta fiesta de Pentecostés es para nosotros muy importante, porque es el día en que efectivamente la misión de la Iglesia comenzó por abrir las puertas bajo el impulso del Espíritu Santo, y destacó: “De una comunidad de asustados encerrados y temerosos, el Señor hizo aquella comunidad de discípulos ardientes, apasionados por testimoniar a Cristo”.

“Efectivamente, Pentecostés es el comienzo de una historia interesante, importante, significativa. La Iglesia abre sus caminos al encuentro de los hombres”, sostuvo.

“Cuando nos ponemos a pensar en la palabra globalización, tan presente en el lenguaje de este tiempo. Cuando pensamos en las distintas culturas, en los fenómenos tecnológicos, en los fenómenos sociales, que eran conocidos casi instantáneamente en el mundo entero, podemos entender algo de ese concepto de una universalización”, ejemplificó.

“También la cultura, del descarte, del desprecio de los mayores. También el abandono de los pobres formaba parte de esa cultura globalizada, tantas veces denunciada por el papa Francisco”, agregó.

El arzobispo mendocino advirtió que “hoy asistimos, a partir del Covid-19 a otro fenómeno, la universalización del dolor, la universalización del sufrimiento. No nos resultan ajenos los dolores de nuestros pueblos hermanos, de las provincias vecinas, de las culturas de otros continentes”.

“Vemos con dramatismo las escenas de los noticieros: los médicos corriendo, vemos aquellos dramáticos momentos en que la humanidad, casi sin poder hacer el duelo, tiene que sepultar a sus muertos. En este momento universal de dolor que nos asiste, solo nos pueda hermanar también universalizando el lenguaje de la solidaridad y la caridad cristiana”.

“Pentecostés desafía entonces esa, nuestra posibilidad de hablar el idioma del amor en Cristo, la solidaridad del Evangelio la solidaridad de todos con todos. En estos días entonces queridos hermanos, vivimos un Pentecostés exigente en el cual queremos también nosotros abrir las puertas de nuestro corazón y, más allá del aislamiento social, preventivo y obligatorio, estar siempre atentos a las necesidades de los demás, saber conectar con esas necesidades y aportar aquella palabra, aquel consuelo, la fortaleza que tanto se necesita”, insistió en afirmar.

“Querida comunidad cristiana: nosotros somos testigos de una Iglesia abierta. Nuestros temores no deberían ser el Covid-19 sino el estar cerrados, encerrados, aislados entre nosotros. Abrir nuestros corazones, abrir nuestras culturas al lenguaje del amor es la propuesta y el desafío de Pentecostés”, concluyó.

Informes: www.arquimendoza.org.ar.+

» Texto completo de la homilía

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