¿Merecí la pena de muerte?”

Buenos Aires (AICA): En una teleconferencia, Rebecca Kiessling, estadounidense, nacida luego de una violación, afirmó “Tengo derecho a vivir” al abordar el planteo del aborto en mujeres abusadas. Abogada, escritora, madre de cinco hijos, afirmó: “Es inhumano castigar a un bebé indefenso; debemos castigar a los violadores, no a los bebés”. Y señaló que los violadores aman el aborto porque destruye las evidencias de sus crímenes.
“¿Merecí la pena de muerte?”, fue una pregunta que abordó Rebecca Kiessling, estadounidense, nacida como fruto de una violación, en una conferencia on line organizada el 4 de junio por Cuidar la Vida (www.cuidarlavida.org).

“Soy una persona, tengo derecho a vivir”, dijo en español esta mujer abogada, escritora y madre de cinco hijos. “Es inhumano castigar a un bebé indefenso, debemos castigar a los violadores, no a los bebés”.

En una transmisión desde su país, observó que América Latina está en la agenda de las organizaciones abortistas: “Están usando el argumento de la violación para legalizar el aborto por cualquier motivo en los nueve meses de embarazo, como sucedió en los Estados Unidos”.

Rebecca encabeza una entidad que se llama “Salvar el 1”. Porque, precisó, solamente el 1 por ciento de los abortos que se realizan se origina en casos de violación. Y esa organización, que reúne a más de mil personas que nacieron y fueron fruto de una violación, es 100% provida, sin excepciones.

Señaló que no debe despreciarse al más pequeño y que el número 1 le hace acordar de la parábola del Buen Pastor, que deja a las 99 ovejas de su majada para ir a buscar a la oveja que estaba perdida.

Rebecca afirmó con énfasis que “los violadores, los proxenetas, los pederastas aman el aborto, porque destruye las evidencias de sus crímenes”.

En la teleconferencia, alguien le preguntó cómo se enteró ella de que era fruto de una violación. Tenía 18 años y estaba devastada, porque sabía lo que decía la gente de estos casos. “Me sentía desvalorizada, en punto de mira de la sociedad”.

“Somos despreciados, nos llaman hijos de violadores, del demonio, del mal”, dijo. Y pidió: “No me llamen hija de un violador, sino de una víctima de violación”. Su madre le contó que ella hubiera elegido el aborto, pero era ilegal en los Estados Unidos hasta el fallo de la Corte Suprema Roe versus Wade, en 1973. Eso ocurrió cuatro años después de que su madre quedara embarazada.

Kiessling apuntó que su Estado, Michigan, es de los pocos estados norteamericanos que tienen la prohibición del aborto en su ley. “La ley que me protegió a mí sigue vigente, aunque con menos fuerza que cuando me protegió”.

De todos modos, apuntó que últimamente muchos estados están poniendo trabas al aborto y que se espera que llegue a la Corte un caso de Kentucky, donde avanzó un proyecto para que se prohíba el aborto desde que se detecta el primer latido del corazón.

Su madre, que en su momento pensó en abortarla, está contenta y agradecida con su vida. Rebecca recordó un diálogo que mantuvieron mientras su madre tejía ropa para su primera nieta (hija de una sobrina de Rebecca) y comentó que han dado entrevistas juntas –ella y su mamá- para la televisión.

En todo momento Rebecca lucía sonriente, animosa, mostrando el perfil de una mujer elegante y decidida. Se mostraron unas fotos con tres hijas suyas. Saben su historia y están orgullosas de su mamá.

Rebecca Kiessling reunió en un libro 70 testimonios –la mitad de América latina-, de casos similares al suyo. El libro se titula “Cada vida importa. Testimonios provida”. Fue publicado en español por Editores de Textos Mexicanos.

Apunta a la esperanza de la buena acogida por parte de la sociedad de las personas concebidas en situaciones no de amor, sino de violencia.+ (Jorge Rouillon)

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