Mons. Castagna: “Una actitud correcta ante el coronavirus”

Mons. Castagna: “Una actitud correcta ante el coronavirus”

Corrientes (AICA): El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, consideró indispensable adoptar una actitud correcta ante la pandemia de coronavirus, por lo que sugirió recuperar la calma y ponerse al servicio de los más vulnerables. También animó a los creyentes a “no alentar lecturas apocalípticas, y promover la fe en el amor de Dios que da sentido a lo inexplicable y sabe extraer bien de las experiencias humanas más dolorosas e inevitables”.
“El amor confiado de Jesús al Padre le otorga un poder intercesor inigualable. La seguridad de ser escuchado expresa espontáneamente la calidad de su relación con el Padre. Su actitud modélica trasciende todas las épocas y se constituye en la más actual de sus enseñanzas”, recordó el arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna.

El prelado estimó que “el coronavirus que asola al mundo debe ser considerado como un desafío ineludible para la ciencia y para la fe” y subrayó la necesidad de “empeñar todos los recursos profesionales y económicos para neutralizar sus dolorosos estragos”.

“Pero, ante el miedo paralizante, que avanza sobre toda la población, es preciso recuperar la calma y superar el siniestro slogan de ‘sálvese quien pueda’, y ponerse al servicio de los más vulnerables, sin condimentar el caldo de cultivo de la pandemia y del terror que nos agobia”, planteó.

Monseñor Castagna animó a los creyentes a “no alentar lecturas apocalípticas, y promover la fe en el amor de Dios que da sentido a lo inexplicable y sabe extraer bien de las experiencias humanas más dolorosas e inevitables”.

Texto de la sugerencia

1.- La fe de Marta vence a la muerte de Lázaro. El evangelista Juan - el más joven y el más anciano - transmitiendo lo que el Maestro nos muestra del Padre, completa los relatos evangélicos de sus tres predecesores (Mateo, Marcos y Lucas). La muerte y la recuperación de su amigo Lázaro, destacan la dignidad de la muerte como tránsito, y de la Vida eterna, personificada en el Amigo entrañable de la familia de Betania. Ante el llamado angustioso de Marta y María, Jesús no apresura su regreso, al contrario; cuando es notificado de la grave enfermedad de Lázaro expresa a sus discípulos: “Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella” (Juan 11, 4). Aunque, con desacostumbrada premeditación, llega tarde, no deja de manifestar su profunda aflicción con sus buenas y angustiadas amigas. En dos ocasiones se quiebra por la emoción. Lo devolverá a la vida, no obstante se compadece con quienes lloran, y llora con ellos. En el diálogo con Jesús, Marta revela la fe que la familia manifiesta en el poder de su mediación: “Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerte. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que pidas”. (Juan 11, 21-22)

2.- “Yo soy la Resurrección y la Vida”. Durante el diálogo entre Jesús y Marta se despeja el misterio: “Tu hermano resucitará. Marta le respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?” (Juan 11, 23-26). La respuesta de Marta es inmediata y firme: “Ella le respondió: “Si, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo” (Juan 11, 27). La fe es la clave única de interpretación del encuentro con el Salvador. Marta es modelo del creyente. Aquel singular acontecimiento, tan familiar y respetuoso, trasciende los vínculos de una humana amistad. Marta reacciona desde la fe y, por lo mismo, supera su quejumbrosa expresión anterior: “Si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto”. Llora, sin ceder a la desesperación, causada por la separación definitiva de un ser muy querido. Cristo inspira la esperanza, en aquellas amigas del alma, constituyéndose en la razón y garantía de la misma: “Yo soy la Resurrección y la Vida”. No son palabras consoladoras. La muerte pierde su macabra perspectiva ante Cristo. Él mismo abrirá las puertas de la vida futura reduciendo la muerte biológica a un delgado umbral que es preciso trasponer, tomados de su mano.

3.- Dios Padre escucha a sus hijos. Es este un texto extenso, pero muy rico en enseñanzas. Predomina el estilo de relación que Jesús mantiene con su Padre. Ante la tumba abierta de Lázaro cobra relieve su simple y ejemplar oración: “Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. (Juan 11, 41-42) Como “hijos en el Hijo” el Padre nos escucha, por la simple razón de que nos ama en “su Hijo muy querido” (Mateo 17, 5). Quizás sus discípulos no lo advierten en el momento, pero, el estilo de relación con Dios, que el Maestro les propone, marca definitivamente su espiritualidad. La extraordinaria devoción que Jesús manifiesta por su Padre, constituye el paradigma de la Liturgia de la Iglesia. A veces lo olvidamos y no acabamos de ordenar nuestro comportamiento de creyentes como lo hicieron los Apóstoles y lo hacen los santos. Esa breve oración de Jesús debiera preceder y acompañar los tiempos dedicados a nuestra relación con Dios y a la Liturgia: “Padre, yo sé que tú siempre me escuchas, porque me amas”. Incluye la personal percepción de la presencia activa de Dios Padre y de Dios Hijo y de Dios Espíritu Santo, logrando la unidad en el amor, y su derivación obligatoria en el amor al prójimo, fraterno y universal.

4.- Una actitud correcta ante el coronavirus. El amor confiado de Jesús al Padre le otorga un poder intercesor inigualable. La seguridad de ser escuchado expresa espontáneamente la calidad de su relación con el Padre. Su actitud modélica trasciende todas las épocas y se constituye en la más actual de sus enseñanzas. El coronavirus que asola al mundo debe ser considerado como un desafío ineludible para la ciencia y para la fe. Es preciso empeñar todos los recursos profesionales y económicos para neutralizar sus dolorosos estragos. Pero, ante el miedo paralizante, que avanza sobre toda la población, es preciso recuperar la calma y superar el siniestro slogan de “sálvese quien pueda”, y ponerse al servicio de los más vulnerables, sin condimentar el caldo de cultivo de la pandemia y del terror que nos agobia. Y a los creyentes: no alentar lecturas apocalípticas, y promover la fe en el amor de Dios que da sentido a lo inexplicable y sabe extraer bien de las experiencias humanas más dolorosas e inevitables.+

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