Mons. Castagna: “El litigio entre la Pascua y la pandemia”

Mons. Castagna: “El litigio entre la Pascua y la pandemia”

Corrientes (AICA): “El avance universal del coronavirus necesita ser contrapuesto por el acontecimiento más importante de la historia: la Pascua. No constituye un valor exclusivo para el sector religioso que responde a su inspiración. Interesa a la humanidad toda, ya que Cristo es el Redentor de los hombres y de cada hombre”, aseguró el arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna.
El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, consideró que “el avance universal del coronavirus necesita ser contrapuesto por el acontecimiento más importante de la historia: la Pascua”.

“No constituye un valor exclusivo para el sector religioso que responde a su inspiración. Interesa a la humanidad toda, ya que Cristo es el Redentor de los hombres y de cada hombre. Quienes creemos en Él debemos saltar el muro de separación que fragmenta hoy al género humano”, subrayó.

El prelado destacó que “es clara la visión que el Apóstol Pablo manifiesta poseer cuando decide evangelizar al mundo pagano” y recordó: “Se constituye en deudor de todos los hombres, en virtud de la extensión ilimitada de la misión conferida por Jesús a sus discípulos: ‘Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos’”.

“En primera instancia, excluye el temor a los poderosos, con el fin de proponer el Evangelio - con su carga confrontativa - contra la imposición de informaciones distorsionadas, comúnmente promovidas por quienes poseen recursos económicos cuantiosos. La verdad siempre es oportuna, aunque ocasionalmente no lo parezca. Requiere cierta honestidad intelectual, no común entre quienes son sus inmediatos destinatarios”

Texto de la sugerencia

1.- La confusión de los discípulos. Los discípulos que se encaminan a Emaús personifican un pueblo triste y desencantado. La experiencia dolorosa de la crucifixión y Muerte de Jesús abre un compás de espera que tiende a diluirse al transcurrir los días: “Nosotros esperábamos que fuera él quien librara a Israel. Pero, a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas” (Lucas 24, 21). La confusión perdura entre los discípulos, y los preconceptos, sobre el mesianismo anunciado por los Profetas, siguen constituyendo una nebulosa para ellos. Jesús, oculta su verdadera identidad en la imagen de un viajante. Al escuchar sus lamentos y dudas, el Señor los amonesta: “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!” (Ibídem 24, 25) Aquellas mentes se hallan demasiado obstruidas por la tristeza y la desilusión. El misterioso viajero, haciendo gala de un extraordinario conocimiento de las Escrituras, repasa las antiguas profecías hasta iluminar el reciente acontecimiento y exponer su verdadero sentido: “¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimiento para entrar en su gloria? Y comenzando por Moisés y continuando con todos los Profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él” (Lucas 24, 26-27).

2.- El litigio entre la Pascua y la pandemia. Es la ocasión de interpretar la actualidad inspirados en la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. El avance universal del coronavirus necesita ser contrapuesto por el acontecimiento más importante de la historia: la Pascua. No constituye un valor exclusivo para el sector religioso que responde a su inspiración. Interesa a la humanidad toda, ya que Cristo es el Redentor de los hombres y de cada hombre. Quienes creemos en Él debemos saltar el muro de separación que fragmenta hoy al género humano. Es clara la visión que el Apóstol Pablo manifiesta poseer cuando decide evangelizar al mundo pagano. Se constituye en deudor de todos los hombres, en virtud de la extensión ilimitada de la misión conferida por Jesús a sus discípulos: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos…” (Mateo 28, 19) En primera instancia, excluye el temor a los poderosos, con el fin de proponer el Evangelio - con su carga confrontativa - contra la imposición de informaciones distorsionadas, comúnmente promovidas por quienes poseen recursos económicos cuantiosos. La verdad siempre es oportuna, aunque ocasionalmente no lo parezca. Requiere cierta honestidad intelectual, no común entre quienes son sus inmediatos destinatarios.

3.- Camino a Emaús: espacio para la catequesis. Aquellos dos discípulos, camino a Emaús, son catequizados por Jesús y, al fin, logran identificarlo. El Señor, como lo hará durante aquellas apariciones, suscita la fe de sus principales discípulos promoviendo un oportuno aprendizaje. Les enseña a discernir los signos, que Él mismo crea, para que su lectura les permita acceder a su presencia viva, a partir de entonces imperceptible a los sentidos. Los textos evangélicos despliegan un abanico de hechos simples y claros: desde la aparición a María Magdalena hasta los diversos encuentros con sus Apóstoles. La Ascensión marca el cierre de aquellas apariciones y el envío definitivo a evangelizar a todo el mundo. Aprender a creer constituye el legado que - hoy y siempre - recibe y recibirá la Iglesia, fundada en aquellos mismos Apóstoles. La acción pastoral se concentra en el aprendizaje de la fe. Descuidarlo daña el conocimiento de la identidad y misión de Cristo y de su Iglesia. En tiempos de crisis, a veces muy tormentosos, su presencia en la sociedad es muy cuestionada por sus tradicionales enemigos. También, el comportamiento incoherente de algunos de sus miembros atenta contra su credibilidad y la expone a los ataques más despiadados. La única alternativa válida, para atraer el respeto de una sociedad descreída, es el testimonio de santidad de sus cristianos.

4.- Cristo resucitado es la Verdad descubierta. Los discípulos de Emaús, apenas identificado el Señor resucitado, regresan a Jerusalén. La dispersión, que los había alejado del resto de sus hermanos, cede ante la experiencia de verlo vivo y glorificado. Cristo reúne lo disperso, demuele todos los muros de separación, reparando la salud de cada persona, con el fin de habilitar la relación familiar gravemente dañada. Es la ocasión providencial de sacar bien del mal y verdad de los errores cometidos. Disponemos de una memoria muy frágil y olvidamos, apenas desaparecido el peligro, lo que en su momento nos pareció el gran hallazgo. La lectura del cruel coronavirus suscita, en clave de fe, un inocultable aprendizaje de la verdad. En ella reaparece el valor de la vida familiar, deteriorado en andas de elementos ideológicos, irresponsablemente sostenidos por legitimaciones reñidas con la ciencia y la moral.+

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