Una familia argentina se va en misión al África


En poco tiempo, una familia entera dejará su vida en la Argentina para colaborar con la tarea evangelizadora en el África. Se trata de los Serra Echeverría, un matrimonio del sur de Córdoba que, junto a sus hijos Héctor, Tadeo y Tobías, tendrán la misión de anunciar el evangelio a los habitantes de Lumege, un poblado de la zona septentrional de Angola.

Ariel Serra y Bibiana Echeverría se conocieron de jóvenes, participando de actividades misioneras organizadas por la diócesis de Villa María. De a poco fueron creciendo en su compromiso, y una vez enlazados en matrimonio, decidieron colaborar con el sostenimiento de la comunidad católica en Andacollo, en el norte de Neuquén. Siguiendo el anhelo de ser misioneros, en enero partirán a Angola para sumarse a la comunidad que conduce el sacerdote argentino Ignacio Copello.


El joven matrimonio, con su hijo Héctor, de 15 años –lo adoptaron cuando tenía 12-, su hijo Tobías y el pequeño Tadeo, firmaron en septiembre un convenio con la arquidiócesis de Buenos Aires y la diócesis de Luena, en Angola, para permanecer al menos dos años en este país del sur de África, donde la lengua predominante es el portugués, debido a la colonización lusitana. Actualmente, con los pocos recursos que tienen, se esfuerzan por aprender el idioma.


Según explicaron en una entrevista con AICA, el nuevo desafío es una “prolongación” de la misión que desarrollaron hasta ahora en el norte neuquino, y aunque saben que será difícil, rezan para que Dios los ayude a reconocer el camino que Él les tiene preparado. “Siempre estuvimos en la búsqueda de saber cuál era nuestro lugar en la Iglesia, y lo encontramos como familia misionera”, reconocen Ariel y Bibiana.


Misión en familia


Bibiana y Ariel tuvieron varias experiencias misioneras viviendo en Córdoba. Primero en grupos parroquiales, y luego a nivel diocesano. Al principio se embarcaron en misiones de una semana, luego de 15 días, y más tarde hasta un mes entero… y reconocen que no les alcanzaba. Ella incluso llegó a viajar a Bolivia, mientras que él tuvo a cargo un hogar de niños.

Después de casarse en 2010, el matrimonio empezó a contactar a sacerdotes misioneros para transmitirles esta inquietud. “Lo fuimos elaborando durante el noviazgo, y nos decidimos a ser una familia misionera”, cuenta Bibiana.


Por entonces, un sacerdote los contactó con el Centro de Formación y Animación Misionera (Cefam), de la diócesis de Neuquén. Habiendo acumulado una experiencia y formación local, la diócesis le propuso realizar una experiencia misionera en la parroquia Nuestra Señora de Andacollo, con jurisdicción en todo el departamento Minas. A su llegada, la comunidad no tenía siquiera sacerdote fijo.


Con la intención de permanecer un tiempo y partir a otro destino, se les propuso misionar en Mozambique. Pero al poco tiempo la propuesta se frustró. De todos modos, llegó otro desafío: un niño de la localidad sin familia iba a ser destinado a un orfanato. Advertidos de la situación, el matrimonio decidió adoptarlo. Hoy Héctor tiene 15 y es uno más en la familia.


Mientras tanto, la parroquia de Andacollo recibió un párroco. Se trata del presbítero Diego María Canale, de la arquidiócesis de Buenos Aires, quien respondió a la solicitud que el cardenal Bergoglio –hoy el Papa- hiciera oportunamente a los sacerdotes porteños para contemplar la escasez de vocaciones y de sacerdotes en la provincia de Neuquén. A la par de sus trabajos en una escuela rural en el paraje Las Ovejas, la pareja colaboró con el sacerdote, Ariel siendo ministro de la Eucaristía, y Bibiana como catequista de adultos.


Luego de consultarlo con el nuevo párroco, la familia aceptó entrar en contacto con Iglesias Hermanas, una institución eclesial que promueve la cooperación misionera entre diócesis, a través de la oración y el envío de agentes pastorales, ya sean sacerdotes, religiosas o laicos. En este transitar, llegaron a la familia Tobías, de tres años y medio, y Tadeo, de un año y medio.


El evangelio hecho vida


¿Cómo surgió la iniciativa de ir a Angola?

Bibiana: - En realidad surgió porque estuvimos disponibles. Luego de ver que Héctor quería y después de hablarlo con nuestro párroco, empezamos a charlar con el padre Ignacio Copello y Alba Comán, y fuimos masticando la cosa. La historia de los dos había sido de mucha misión.

¿Y qué debe tener una familia para ser misionera?

Ariel: - El estilo nuestro de misión es involucrarnos y trabajar desde adentro en cada uno de los lugares que podemos estar. Aquí en Andacollo estamos en la Mesa Campesina y en el Banquito Popular de la Buena Fe, y tenemos nuestros grupos de amigos. También, por nuestro desarrollo profesional, se nos van abriendo puertas con la gente campesina, que a veces se consideran menos, y nos permite llevar el anuncio a los humildes.


Bibiana: - En realidad, la familia misionera no tiene receta. Nosotros conseguimos un trabajo en una escuela agropecuaria, porque estamos vinculados a esa área, y lo hacemos desde nuestro lugar, lo que nos permiten los tiempos familiares.


Quizás haya que derribar unos mitos respecto a la vida misionera…

A: - El trabajo de misionero no se centra solo dentro del ámbito parroquial; tal vez es más fuera de ahí. El papa Francisco nos pide que salgamos, que nos abramos y por ahí nos vamos involucrando en muchos ambientes a los que ni siquiera vamos como representantes de la Iglesia, pero sí a vivir el evangelio y testimoniarlo allí.


¿Cómo se imaginan la vida que les espera?

A:- Nosotros firmamos un convenio por dos años, y dentro del mismo hay muchas cosas previstas. Más que en familia, siento que vamos a misionar como parte de un equipo, el de Iglesias Hermanas, y que nosotros somos los enviados, pero hay mucha gente detrás trabajando para lograr esto, y es impresionante.


Este equipo nos consigue los fondos para viajar y sostener la vida allá. Solo le pedimos a Dios sabiduría para poder discernir los caminos que nos va presentando, y lo hacemos con serenidad.


B:- Los chicos, gracias a Dios, nos acompañan. Tobías tiene casi cuatro años y sabe que vamos a África. Le cuenta a todos que vamos a ir a un pueblo, y le crea mucha emoción pensar que va a ver animales y conocer gente que es diferente. Le mostramos videos para que sepa dónde vamos.


La vida en misión


La familia Serra Echeverría se instalará en enero de 2015 en el poblado de Lumege, a 128 kilómetros de la capital, Luanda. La localidad tiene 15.000 habitantes, pero la jurisdicción parroquial, a cargo del padre Ignacio Copello, alcanza los 40.000 habitantes. Además del sacerdote porteño, la misión se completa con Alba Comán, una consagrada que acompaña la tarea pastoral.

La familia tiene casa asegurada, pero al instalarse verán qué trabajo pueden desempeñar en la localidad. “Iremos haciendo como acá: nos involucraremos en cada ámbito donde uno puede meterse como familia y como vecino”, cuentan.


Para los Serra Echeverría, ser misioneros les permitió encontrar su lugar en la Iglesia, la vocación a la que fueron llamados por Dios en su eterno designio. Y lo resumen de una forma espectacular: “Ir a Angola es parte del sí que dijimos como matrimonio y es parte de la disponibilidad con la que intentamos vivir. Ya somos familia misionera, solo que ahora cambiamos de domicilio”.+



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