Los curas villeros cuestionaron el endurecimiento de las leyes migratorias

Los sacerdotes que viven en las villas, barriadas y asentamientos porteños y del conurbano bonaerense expresaron preocupación por “las consecuencias discriminatorias de la medida implementada desde el gobierno nacional, y por su consecuente incentivación del racismo y la xenofobia en nuestro pueblo”.

En un documento sobre “La inmigración y el racismo”, rechazaron “la estigmatización del migrante, identificándolo con el delito, responsabilizándolo del problema de la droga, la inseguridad y de todos los aspectos negativos de la sociedad”, y advirtieron: “El problema no es la inmigración, el problema es el delito”.

En este sentido, citaron al papa Francisco, quien aseveró: “Ningún pueblo es criminal o narcotraficante o violento. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión”.

“¿Cómo llamar ‘igualdad de oportunidades’ a una medida que deporta a un extranjero sin condena, por el hecho de ser acusado de resistir a la autoridad, vender en la vía pública, ejercer la prostitución o ser protagonista de un accidente automovilístico grave?”, se preguntaron.

“Entendemos que aunque el objetivo de la norma fuera el de dar celeridad a la deportación de narcotraficantes y delincuentes, en la práctica la medida lleva a una persecución de todos los inmigrantes, que ya no podrán ni sonreír delante de un policía por miedo a ser deportados”, sostuvieron.

“¿Cómo hablar de ‘igualdad de oportunidades’ cuando como sociedad escuchamos a diario el llanto de las niñas y niños, hijos de los migrantes, que en las escuelas sufren la discriminación y la violencia cotidiana; cuando vemos el modo en que muchos migrantes son explotados a causa de su situación aceptando trabajos indignos?”, interpelaron.

Los curas villeros alertaron que “los posicionamientos discriminatorios son profundamente anticristianos” y aseguraron que “como vecinos de las villas, barriadas y asentamientos en que vivimos somos testigos diarios del sufrimiento causado por la xenofobia y el racismo”.

“Estamos convencidos de que la explotación que a menudo sufren los migrantes es causada por los muros invisibles de la discriminación, que nos separan de ellos como de los otros, insensibilizándonos e instalándonos en la defensa imaginaria de un miedo que sólo se justifica en el prejuicio”, agregaron.

Tras recordar que un informe de 2016 publicado por la Dirección Nacional de Política Criminal en Materia de Justicia y Legislación Penal reveló que “solo el 6% de los privados de su libertad son extranjeros. Es casi la misma proporción que la de extranjeros en la población general. Es decir, de los casi 2.000.000 de extranjeros que habitan nuestra patria, solo el 0,2 están privados de su libertad”, cuestionaron: “¿De dónde nace entonces la identificación del inmigrante con el delito? ¿Cuál era la urgencia que instaló el tema en la agenda política y mediática?”.

Los sacerdotes de las villas perciben que las medidas impuestas por las autoridades nacionales pueden “profundizar la fragmentación de nuestra patria, aniquilando nuestro sueño nacional de pueblo, y dejándonos con los horizontes fragmentados de grupos divididos y autorreferenciales”.

“Esperamos que nuestros dirigentes, del espacio político que sean, nos ayuden a mirar más lejos, a vislumbrar el horizonte de Nación que como pueblo nos merecemos, superando la búsqueda cortoplacista del impacto mediático y el rédito político”, agregaron.

“Entendemos el dolor y la impotencia de quienes sufrieron algún hecho de inseguridad, pero queremos afirmar que una cosa es ser delincuente y otra muy distinta es ser inmigrante, y que la relación entre ambas situaciones solo se origina en posicionamientos públicos, políticos y mediáticos nacionales e internacionales que calan hondo en el pueblo, conduciéndolo a la división y el racismo”, enfatizaron.

Los curas villeros expresaron su convencimiento de que hay que “recibir a los migrantes como recibiríamos al mismo Jesús. Que en lugar de los posicionamientos discriminatorios, xenófobos y racistas, nuestro pueblo tiene reservas morales que nos invitan a la solidaridad y a la hospitalidad”, y dijeron preferir “una legislación que no se enfoque tanto en castigos sino en tratar de dirigir todo el potencial de los migrantes para el bien común de nuestra Nación”.

“Creemos necesario señalar que los narcotraficantes, los delincuentes de la trata de personas, los terroristas y criminales, no ingresan por los controles migratorios. La droga no ingresa por los controles oficiales, y si lo hace, es con la complicidad de funcionarios que lo permiten. El endurecimiento de las medidas migratorias no es contra los delincuentes, sino contra la familia trabajadora”, subrayaron.

El documento incluye, además, “aproximaciones” al tema de las migraciones desde la Sagrada Escritura, el Magisterio y la Historia Argentina.

“Que la Virgen de Guadalupe, patrona de toda América, nos enseñe el camino de la inclusión y la hospitalidad. Que no sea el miedo el que nos conduzca, sino el amor a todas las personas que pisan nuestro suelo argentino”, concluyeron.

El texto lleva la firma de los sacerdotes José María Di Paola (Villa La Carcova, 13 de Julio y Villa Curita, diócesis de San Martín); Gustavo Carrara, Eduardo Casabal y Ignacio Bagattini (Villa 1-11-14, arquidiócesis de Buenos Aires); Lorenzo de Vedia, Carlos Olivero y Gastón Colombres (Villa 21-24 y Zavaleta, arquidiócesis de Buenos Aires); Guillermo Torre y José Luis Lozzia (Villa 31, arquidiócesis de Buenos Aires), Domingo Rehin (Villa Lanzone, Villa Costa Esperanza, diócesis de San Martín), Juan Manuel Ortiz de Rosas (San Fernando, diócesis de San Isidro), Basilicio Britez (Villa Palito, diócesis de San Justo), Nicolás Angellotti (Puerta de Hierro, San Petesburgo y 17 de Marzo, diócesis de San Justo), Sebastián Sury y Damián Reynoso (Villa 15, arquidiócesis de Buenos Aires).

También firman el documento los sacerdotes Eduardo Drabble (santuario San Cayetano, arquidiócesis de Buenos Aires), Pedro Baya Casal y Adrián Bennardis (Villa 3 y del Barrio Ramón Carrillo, arquidiócesis de Buenos Aires), Juan Isasmendi y Joaquín Giangreco (Villa Trujuy, diócesis Merlo-Moreno), Nibaldo Leal (Villa Ballester, diócesis de San Martin), Carlos Morena, Ángel Tissot, Mario Romanín, Alejandro León y Juan Carlos Romanín (salesianos. Villa Itatí. Don Bosco), Hernán Cruz Martín (Barrio Don Orione - Claypole. Obra Don Orione), Dante Delia (Villa Borges, diócesis de San Isidro), Antonio Mario Ghisaura (Villa Tranquila, diócesis Avellaneda-Lanús), Eduardo González, vicario general, diócesis de San Martin), y Luciano Iramain (Barrio Los Polvorines, diócesis de San Miguel).+

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