Un misil destruyó el convento franciscano de la Custodia de Tierra Santa



Jerusalén (Tierra Santa) (AICA): Un misil lanzado desde un avión impactó el domingo 20 de julio en el convento que la Custodia de Tierra Santa tiene en Yacubíe (Siria), un pueblo cercano a la frontera con Turquía, en el valle del Orontes, en la Siria noroccidental. Lo confirmó en Jerusalén el padre custodio de Tierra Santa, fray Pierbattista Pizzaballa, quien afirmó además que fray Diya Aziz, que se encontraba en el interior del convento, sufrió algunas heridas en la cabeza. Renovó la invitación a rezar por la paz en Siria y en todo Medio Oriente, y destacó que a pesar de la destrucción causada por la guerra, en Siria se siguen realizando pequeños actos de solidaridad y amistad entre los creyentes de distintas religiones-

Un misil lanzado desde un avión impactó el domingo 20 de julio en el convento que la Custodia de Tierra Santa tiene en Yacubíe (Siria), un pueblo cercano a la frontera con Turquía, en el valle del Orontes, en la Siria noroccidental.

El edificio de los franciscanos quedó prácticamente destruido, informó este miércoles en Jerusalén el padre custodio de Tierra Santa, fray Pierbattista Pizzaballa, quien afirmó además que fray Diya Aziz, que se encontraba en el interior del convento, sufrió algunas heridas en la cabeza.


“Providencialmente, cuando el misil impactó el fraile no estaba en su celda, que ha quedado totalmente destruida”, precisó al tiempo que renovó la invitación a rezar por la paz en Siria y en todo Medio Oriente.


A pesar de la destrucción causada por la guerra, en Siria se siguen realizando pequeños actos de solidaridad y amistad entre los creyentes de distintas religiones. Lo atestigua, con algún ejemplo, fray Firás Lufti, otro fraile franciscano sirio de la Custodia de Tierra Santa que se encuentra ahora en Damasco.


“En las últimas semanas Alepo está viviendo una gravísima situación por la escasez de agua –dijo fray Firás-. Las personas se ven obligadas, a veces, a hacer colas de muchas horas para llenar los bidones de agua para beber o lavarse. En nuestros conventos tenemos la suerte de tener pozos y, por eso, distribuimos agua a todos, cristianos y musulmanes, sin distinciones. Un día, cuando ya habíamos terminado de distribuir el agua, llegó un anciano pidiendo más. Era musulmán y había venido, a pesar del esfuerzo y la hora, no para sí sino para su vecina, una cristiana enferma”.


El padre Firás contó otro episodio: «En otra ocasión, aquí, en la capital, me encontraba en casa de una señora cristiana que ha fallecido recientemente, llamado por sus parientes y amigos para rezar con ellos. Terminada la oración, cuando iba a salir me paró un hombre. Por su forma de hablar supe enseguida que era musulmán. Estaba emocionado y lloraba. Me dijo que había rezado por el alma de la difunta dos azoras del Corán y me preguntó si Dios aceptaría su oración por esta alma tan buena. Le pregunté: "¿Por qué ha rezado por ella?". Me respondió que la difunta se había encargado de su sobrino y le había dado de comer. Las hijas del hombre, de hecho, se habían quedado viudas a causa de la guerra y habían llegado a Damasco como refugiadas, habiendo encontrado ayuda solo en el barrio cristiano gracias a la solidaridad inesperada de esta mujer. Después, le vi en la iglesia, durante el funeral, junto a sus dos hijas”.+



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