Serán beatificados los "Mártires de Argelia"

Argel (Argelia) (AICA): El pasado 26 de enero el papa Francisco autorizó la promulgación de los decretos que autorizan la beatificación de los llamados ¨Mártires de Argelia¨, los Siervos de Dios Pedro Claverie, de la Orden de los Frailes Predicadores, obispo de Orán, y 18 compañeros religiosos y religiosas asesinados por odio a la fe, en Argelia, desde 1994 a 1996, entre quienes se encuentran los siete monjes trapenses franceses que inspiraron la película “De dioses y hombres”.
El pasado 26 de enero el papa Francisco autorizó la promulgación de los decretos que autorizan la beatificación de los llamados "Mártires de Argelia", referidos al martirio de los Siervos de Dios Pedro Claverie, de la Orden de los Frailes Predicadores, obispo de Orán, y 18 compañeros religiosos y religiosas asesinados por odio a la fe, en Argelia, desde 1994 a 1996, entre quienes se encuentran los siete monjes trapenses franceses que inspiraron la película “De dioses y hombres”.

Con este motivo, los cuatro obispos de Argelia emitieron un comunicado en el que manifiestan la alegría de la Iglesia en Argelia ante este anuncio.

El comunicado, con fecha del 27 de enero de 2018, está firmado por el presidente de la Conferencia Episcopal Regional del Norte de África (CERNA), monseñor Paul Desfarges SJ, arzobispo de Argel; monseñor Jean-Paul Vesco OP, obispo de Oran; monseñor John MacWilliam M.Afr, obispo de Laghouat; y monseñor Jean-Marie Jehl, administrador apostólico de Constantina.

El siguiente es el texto del comunicado.

Anuncio de la beatificación de 19 de nuestros hermanos y hermanas
Nuestra Iglesia exulta de gozo. El papa Francisco acaba de autorizar la beatificación de "Monseñor Pierre Claverie y sus 18 compañeras y compañeros”. Se nos concede la gracia de poder hacer memoria de nuestros 19 hermanos y hermanas como “mártires”, es decir, como “testigos” del amor más grande, el que da la vida por los que ama. Ante el peligro de una muerte que se extendía por todo el país, ellos optaron, aun a riesgo de sus vidas, por vivir hasta el extremo los lazos de fraternidad y de amistad que habían tejido con sus hermanos y hermanas argelinos mediante el amor. Los lazos de fraternidad y amistad fueron así más fuertes que el miedo de la muerte.

Nuestros hermanos y hermanas no aceptarían que los separáramos de aquellos por quienes dieron sus vidas. Ellos son los testigos de una fraternidad sin fronteras, de un amor que no hace diferencias. De este modo, su muerte pone de relieve el martirio de tantos argelinos musulmanes, buscadores de sentido, artesanos de paz, perseguidos a causa de la justicia, hombres y mujeres de corazón sincero que fueron fieles hasta la muerte durante el decenio negro que ensangrentó Argelia.

Incluimos, por tanto, en el mismo homenaje, a todos nuestros hermanos y hermanas argelinos, se cuentan por miles, que tampoco temieron arriesgar sus vidas por permanecer fieles a su fe en Dios, a su país y a su conciencia. De entre ellos, recordamos a los 99 imanes que perdieron la vida por negarse a justificar la violencia. Recordamos a los intelectuales, periodistas, hombres de ciencia o de arte, miembros de las fuerzas del orden, como también a miles de padres y madres de familia, humildes y anónimos, que se negaron a obedecer las órdenes de los grupos armados. Un gran número de niños perdieron también la vida, arrastrados por la misma violencia.

Podemos detenernos en la vida de cada uno de nuestros 19 hermanos y hermanas. Cada uno murió porque, con la ayuda de la gracia, había elegido permanecer fiel a quienes la vida del barrio y los servicios compartidos habían hecho sus prójimos. Su muerte reveló que su vida estaba al servicio de todos: de los pobres, de las mujeres en dificultad, de los minusválidos, de los jóvenes, todos ellos musulmanes. Una ideología asesina, desfiguración del Islam, no soportaba a los que eran diferentes por su nacionalidad o por su fe. Los más tristes, en el momento de su muerte trágica, fueron sus amigos y vecinos musulmanes, que se sentían avergonzados de que el nombre del Islam se utilizase para cometer tales actos.

Pero nosotros hoy no queremos mirar solo al pasado. Estas beatificaciones son una luz para nuestro presente y para el futuro. Nos dicen que el odio no es la respuesta correcta al odio, que no hay una espiral ineludible de violencia. Quieren ser un paso hacia el perdón y hacia la paz para todos los seres humanos, empezando por Argelia, pero más allá de las fronteras de Argelia. Son una palabra profética para nuestro mundo, para todos los que creen y obran por la convivencia juntos. Y son numerosos, aquí en nuestro país y en todo el mundo, de todas las nacionalidades y de toda religión. Este es el sentido profundo de esta decisión del papa Francisco. Más que nunca, nuestra casa común, que es nuestro planeta, necesita de la bondad y de la hermosura de la humanidad de cada uno.

Nuestros hermanos y hermanas son, en fin, modelos en el camino de la santidad ordinaria. Son los testigos de que una vida simple pero entregada a Dios y a los otros puede llevar a lo más alto de la vocación humana. Nuestros hermanos y hermanas no son héroes. No murieron por una idea o por una causa. Eran simplemente miembros de la pequeña Iglesia Católica en Argelia que aunque constituida en su mayoría por extranjeros y frecuentemente considerada extranjera, asumió las consecuencias naturales de su decisión de formar plenamente parte de este país. Cada uno de sus miembros sabía que cuando uno ama a alguien, no lo abandona en el momento de la prueba. Es el milagro cotidiano de la amistad y la fraternidad. Muchos de nosotros los conocimos y hemos vivido con ellos. Hoy sus vidas pertenecen a todos. Ahora nos acompañan como peregrinos de la amistad y fraternidad universal.+

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