Mons. Martín llamó a encarnar la propuesta educativa cristiana en la sociedad

Mons. Martín llamó a encarnar la propuesta educativa cristiana en la sociedad

Rosario (Santa Fe) (AICA): A pocos días del inicio de las clases en el año del Bicentenario, el presidente de la Comisión Episcopal de Educación, monseñor Eduardo Eliseo Martín, arzobispo de Rosario, le dijo a los docentes que “los desafíos son grandes, pero tenemos confianza en el ser humano y en Dios que nos ha creado” y aseguró que encarnar la propuesta educativa cristiana es “el más genuino aporte para una sociedad nueva, una patria verdaderamente libre”. El prelado les recordó la importancia de escuchar, de educar hombreS libres y de ganarse la autoridad cada día.
A pocos días del inicio de las clases en el año del Bicentenario, el presidente de la Comisión Episcopal de Educación, monseñor Eduardo Eliseo Martín, arzobispo de Rosario, se dirigió a los docentes: “Los desafíos son grandes, pero tenemos confianza en el ser humano y en Dios que nos ha creado”.

Hace pocos días en Tucumán, tuvo lugar el 53° Curso de Rectores y en su disertación que llevaba el título “Independencia y Libertad: los Desafíos de la Educación Hoy”, el prelado afirmó que “encarnar la propuesta educativa cristiana es el más genuino aporte para una sociedad nueva, una patria verdaderamente libre”.

Ante la imagen de la Virgen de la Merced, que presidía el escenario del Teatro Mercedes Sosa de la capital provincial, y delante de 900 participantes, directores de colegios católicos, convocados por el Consejo Superior de Educación Católica (Consudec), el arzobispo citó las palabras que el papa Francisco planteó en el Congreso Mundial Roma a fines del año pasado, y donde dijo que “la crisis más grande de la educación es la clausura de la trascendencia” y advirtió que “tiene su raíz en un predominante neopositivismo que aleja a la persona en el nexo con Dios”.

“La educación necesita de hombres libres con una identidad radicada en una pertenencia a Alguien más grande que nosotros, una identidad no auto referencial, o basada en nuestras capacidades, sentimientos o genialidades, sino conscientes de sí mismas, tal como Dios ha hecho nuestro corazón”, agregó.

Tras citar una frase del expresidente Nicolás Avellaneda, quien al recordar el congreso de Tucumán decía que la Nación “se independizaba de España, pero no se independizaba de Dios”, sostuvo que “esta relación con la trascendencia es esencial para poder educar a los jóvenes y a los niños a la medida de su corazón, que porta el deseo de verdad, belleza, justicia, paz, amor, y cuya medida es infinita”.

Monseñor Martín hizo hincapié también en las cualidades de los docentes “como don que tenemos que pedir cada día”. Entonces, llamó a recomponer los vínculos entre el maestro o profesor con su alumno.

“La primera palabra es la gratuidad, el amor”, afirmó, porque “un niño, o joven debe experimentar con el docente el mismo amor que vive con su familia, en donde es aceptado, no porque sabe mucho o es lindo, sino por lo que es”.

“Una mirada así también muestra el sentido de una propuesta, y la semilla de la educación entrará mejor en un corazón que se sabe amado”, añadió.

Luego el arzobispo habló de “escuchar”, porque “en la educación se produce el encuentro entre dos libertades”, y llamó a “renovar la energía con la cual se entra al aula cada mañana, apostando a la positividad de la propia tarea y a la positividad de prescindir de los resultados de la escucha”, porque también “somos hombres libres”.

El prelado se refirió a las cualidades de la libertad y la autoridad. “Evaluar la tarea educativa como una propuesta a la libertad de otro, es difícil”, porque el educador encara una “hipótesis explicativa de la realidad y propone un camino con el componente de la fe, de nuestro seguir a Cristo, y entonces, esto no es una imposición, es una propuesta a nuestra libertad que necesita ser verificada”, reconoció.

Por último, monseñor Martín llamó “a no desanimarnos, porque “con el tiempo habrá frutos” aunque “no nos demos por enterados” y recordó que la autoridad hay que ganársela cada día, porque para ser verdaderos educadores hay que preguntarse “cómo estoy plantado frente a la vida”.+

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