El nuncio apostólico visitó la diócesis de Chascomús y llamó a perdonar

El nuncio y monseñor Malfa cierran la Puerta Santa ver más
Dolores (Buenos Aires) (AICA): El nuncio apostólico, monseñor Emil Paul Tscherrig, visitó la diócesis de Chascomús para clausurar el Año Santo de la Misericordia en la ciudad de Dolores, donde aseguró que “el perdón que nos concede el Señor continuamente no es un signo de debilidad, sino ‘es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto manifiesta su omnipotencia’”. El representante papal fue recibido por el obispo de Chascomús, monseñor Carlos Humberto Malfa, y recorrió un merendero, se reunió con niños y jóvenes misioneros, estuvo con las autoridades comunales y visitó a los presos en la Unidad Penal Nº 6.
El nuncio apostólico, monseñor Emil Paul Tscherrig, visitó la diócesis de Chascomús para clausurar el Año Santo de la Misericordia en la ciudad bonaerense de Dolores.

Tras ser recibido en el ingreso de la ciudad por el obispo de Chascomús, monseñor Carlos Humberto Malfa, sacerdotes y fieles, se trasladó a la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores para una visita al Santísimo Sacramento.

Luego se trasladó al merendero “El Hornero”, ubicado en uno de los barrios de la ciudad.

El representante papal mantuvo un encuentro “significativo y emocionante” con los niños y animadores de la Infancia y Adolescencia Misionera y con los jóvenes de la diócesis durante su encuentro anual, a quienes monseñor Tscherrig les dio el envío para la misión que realizaron por los barrios del pueblo.

El nuncio concurrió luego a la municipalidad de Dolores, donde fue recibido por el jefe comunal Luis María Camilo Etchevarren, miembros de su gabinete, autoridades judiciales y donde fue declarado Huésped de Honor. Seguidamente se reunió con el presbiterio y compartieron el almuerzo.

Monseñor Tscherrig realizó después una visita a los presos en la Unidad Penal Nº 6, donde recorrió los pabellones y se interesó por la situación de cada uno de los internos, además de transmitirle la bendición del papa Francisco y en su nombre dejó el Nuevo Testamento en todos los pabellones. También mantuvo un encuentro con las autoridades y personal del Servicio Penitenciario.

Misa de clausura del Año de la Misericordia
Al finalizar las visitas se dirigió a la plaza central de la cuidad, llamada ese día “Plaza de la Misericordia”, donde la comunidad diocesana participó de la adoración al Santísimo y los sacerdotes alrededor la plaza administraban el sacramento de la Reconciliación.

Finalmente monseñor Tscherrig presidió la procesión hacia el templo para celebrar la Eucaristía, cerrar la Puerta Santa y clausurar el Jubileo de la Misericordia.

El saludo de monseñor Malfa
Al inicio de la celebración eucarística, monseñor Malfa recibió al nuncio diciendo: “¡Bendito el que vino en el nombre del Señor!”

“Vivimos su visita con alegría y gratitud, desde el comienzo de la jornada nos acompañó con bondad, con gestos y palabras llenas de la caridad de un buen pastor para llegar a esta celebración eucarística con la que clausuramos el Año Santo de la Misericordia”, agregó.

“Su ministerio apostólico nos trae la presencia del Santo Padre Francisco. Con la humildad de la verdad y porque conozco el buen corazón de este presbiterio y de este pueblo puedo decirle: ¡aquí amamos al Papa!, celebramos el gozo de la comunión eclesial, recibimos con entusiasmo sus enseñanzas y oramos sin cesar por él como lo hacían los primeros cristianos por Pedro”, manifestó.

“Creemos en la gracia que estamos recibiendo para nuevos tiempos de comunidades evangelizadoras, impregnadas de misericordia. ¡Muchas gracias!”, concluyó monseñor Malfa.

“Perdonar no es sinónimo de debilidad”
En la homilía, monseñor Tscherrig recordó que “ser misericordiosos con el prójimo significa por lo tanto ser responsables por nuestros hermanos” y dijo que “duele” observar que haya comunidades y familias no reconciliadas y “más bien movidas por un rencor que se tiene por generaciones”.

Por esto, el representante papal llamó a “rezar por aquel con el que estamos irritados”, al destacar que se trata de “un hermoso paso en el amor, y un acto evangelizador”.

“El perdón que nos concede el Señor continuamente no es un signo de debilidad, sino que ‘es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto manifiesta su omnipotencia’”, sostuvo citando la bula de convocatoria al Año de la Misericordia.

“Perdonar es por tanto la virtud de los fuertes y generosos, un acto que como ningún otro expresa que somos verdaderamente hijos del Padre misericordioso. Es el testimonio de aquel que sabe amar. Perdonar significa practicar lo que pedimos en el ‘Padre Nuestro’”, afirmó.

“Perdonar no significa olvidar, que en muchas situaciones es imposible. Perdonar en cambio manifiesta la voluntad de no contar más la ofensa recibida como una deuda por la cual se continúa pidiendo satisfacción. Significa dar la libertad al hermano ofensor manifestando que no hay odio de parte nuestra y que los sentimientos de venganza han sido superados por el amor y la misericordia. Significa dar al ofensor la posibilidad de un nuevo comienzo”, puntualizó.

Monseñor Tscherrig concluyó su predicación con la oración que el Papa propuso para iniciar el camino de la misericordia: “Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores”.+

Texto completo de la homilía

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