En San Isidro Labrador, monseñor Ojea dijo que se necesita paz social



San Isidro (Buenos Aires) (AICA): Numerosos fieles, autoridades municipales y vecinos participaron este 15 de mayo de las fiestas en honor de San Isidro Labrador, patrono de la diócesis, la catedral y la ciudad de San Isidro. Las festividades comenzaron con una procesión por las calles con las imágenes del santo y su esposa, Santa María de la Cabeza, una tradición que se repite desde hace más de 380 años. El obispo de San Isidro, monseñor Oscar Ojea, presidió la misa en la que aseguró que se necesita paz social y llamó a la unidad. El prelado explicó que el reciente documento de los obispos, “después de señalar las violencias que vivimos, buscamos hacer un llamado a todos, especialmente a la clase dirigente, para poder encontrar el camino a través de políticas públicas y políticas de estado que nos ayuden a construir una cultura de la paz y a salir de una cultura de la violencia”.

Numerosos fieles, autoridades municipales y vecinos participaron este 15 de mayo de las fiestas en honor de San Isidro Labrador, patrono de la diócesis, la catedral y la ciudad de San Isidro.

Las festividades comenzaron con una procesión por las calles con las imágenes del santo y su esposa, Santa María de la Cabeza, una tradición que se repite desde hace más de 380 años.


Vivas al santo dieron la bienvenida a las imágenes al llegar a la catedral, donde el obispo de San Isidro, monseñor Oscar Ojea, presidió la misa concelebrada por el obispo emérito de San Isidro, monseñor Jorge Casaretto.


El prelado destacó la presencia de sacerdotes y diáconos, en particular del presbítero Pedro Oeyen, quien cumplió 20 años como párroco del templo.


En la homilía, monseñor Ojea se refirió a la necesidad de la paz social, al recordar que la Conferencia Episcopal Argentina difundió días atrás el documento “Bienaventurados los que trabajan por la paz”.


El obispo sanisidrense explicó que en ese texto “después de señalar las violencias que vivimos, buscamos hacer un llamado a todos, especialmente a la clase dirigente, para poder encontrar el camino a través de políticas públicas y políticas de estado que nos ayuden a construir una cultura de la paz y a salir de una cultura de la violencia”.


Tras recordar que en la exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” el papa Francisco dice, entre otras cosas, que “buscamos una paz que no surja como fruto del desarrollo integral de algunos sino de todos”, reconoció que los católicos “hablamos mucho del respeto por la diferencia, del respeto por la pluralidad, pero nos cuesta llevarlo adelante”.


“Tenemos que tener cuidado de que esto no se nos quede en palabras, porque esto es fundamental para la construcción de la paz, el reconocimiento de las diferencias”, agregó.


Monseñor Ojea indicó que “cuando estamos trabajando por la paz aparecen los conflictos y frente a los conflictos tenemos distintas actitudes. Una de ellas puede ser no mirarlos, pasar de largo, hacer como si no existieran, y de este modo nos vamos evadiendo, viviendo un mundo que de alguna manera nos vamos fabricando, negando la realidad”.


“Otro modo puede ser entrar de tal manera en el conflicto que quedo entrampado en él y rápidamente huyo de la voluntad de seguir trabajando para la paz, porque son tantos los obstáculos que encuentro, las dificultades que encuentro que entonces me vengo abajo y digo esto es imposible, entonces buscamos el camino más corto, la salida más rápida, cuando la construcción de la paz requiere tiempo, reflexión y una escucha, un modo de escuchar muy profundo de dónde viene la violencia, cuál es la causa última de la violencia, por qué grita, por qué pega, por qué se destruye, cuál es la razón última de la violencia”, subrayó.


Por último, monseñor Ojea resumió su reflexión con una frase de Francisco sobre la tensión entre la unidad y el conflicto: “El conflicto no puede ser ignorado, no puede ser disimulado, tiene que ser asumido, pero si quedamos atrapados en él perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada. Cuando nos detenemos en la coyuntura conflictiva perdemos el sentido de la unidad profunda de la realidad.” +



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