Misa de la Esperanza: Un NO rotundo a la trata de personas



Quilmes (Buenos Aires) (AICA): Unas 900 personas participaron el sábado 23 de noviembre de la XVIII Misa de la Esperanza, en el Cruce Varela, que llevó por lema “Decimos basta, decimos no... a la trata de personas”. La celebración eucarística fue presidida por el obispo de Quilmes, monseñor Carlos José Tissera, quien advirtió que “la trata es un flagelo antiguo pero que ha crecido de manera dramática últimamente” y exhortó a no quedarse con los brazos cruzados ante esta problemática. “Digamos basta, digamos no… a la trata de personas. Digamos ‘sí’ a la cultura de la vida, y ‘no’ a la cultura de la muerte. Digamos ‘sí’ a la libertad y ‘no’ a la esclavitud de tantos ídolos de nuestro tiempo. En una palabra: digamos ‘sí’ a Dios, que es amor, vida y libertad. Él nunca defrauda. Él es nuestra esperanza”, subrayó.

Unas 900 personas participaron el sábado 23 de noviembre de la XVIII Misa de la Esperanza, en el Cruce Varela, que llevó por lema “Decimos basta, decimos no... a la trata de personas”.

La celebración eucarística fue presidida por el obispo de Quilmes, monseñor Carlos José Tissera, y participaron Osvaldo Tondino, representante de la Federación de Entidades de Fomento y Organizaciones Libres del Pueblo de Quilmes, el fiscal Daniel Ichazo, el intendente de Florencio Varela, Julio Pereyra, y el intendente de Quilmes Francisco Gutiérrez, entre otros.


Esta celebración diocesana, que se lleva adelante desde hace 17 años, y que impulsó el fallecido monseñor Jorge Novak, tuvo como principal intención pedir a Dios que ilumine y fortalezca a todas las personas que padecen el flagelo de la trata, y encomendar a las autoridades del Estado para que tengan la suficiente fuerza y compromiso para luchar contra estas mafias.


En esta misa, se juntaron fondos para los “Campamentos Brocherito” y se puso a disposición de los presentes una urna para hacer denuncias anónimas de lugares en donde se explota a personas.


“La trata es un flagelo antiguo pero que ha crecido de manera dramática últimamente”, advirtió en la homilía el prelado, al recordar que “cuando hablamos de trata, nos referimos al sometimiento de una persona “para la explotación sexual, laboral, coacción para el sicariato, transporte o venta de drogas, tráfico de órganos, servidumbre de migrantes, pornografía infantil, secuestro y explotación de niños para las milicias, explotación sexual infantil, explotación para la producción y venta de bebés, para la extracción de óvulos y otras formas parecidas de explotación y esclavitud”.


“Hay estadísticas que cortan la respiración. Aunque no somos cifras, los números desnudan. Hay 20.900.000 esclavos en el mundo hoy. Algunos dicen 30 millones. Con 32.000 millones de dólares en ganancias para el segundo negocio más rentable en el mundo, por encima del tráfico de armas y solo aventajado por el negocio narco. Una persona puede ‘valer’ 20.000 pesos o 2.500 dólares en Argentina, según lugar, edad, cliente… ¿no se había declarado el fin de la esclavitud en nuestro país en 1813?”, interpeló.


“En esta ciudad la esclavitud no está abolida. En esta ciudad la esclavitud está a la orden del día y bajo diversas formas. En esta ciudad se explota a trabajadores en talleres clandestinos. En esta ciudad se rapta a las mujeres y a las chicas y se las somete al uso y al abuso de su cuerpo, se las destruye en su dignidad. En esta ciudad hay hombres que lucran y se ceban con la carne del hermano: Las víctimas del trabajo esclavo, la trata de mujeres en situación de prostitución”, recordó citando a Jorge Bergoglio, hoy papa Francisco.


El prelado sostuvo que “frente a este flagelo de la trata, como también frente al drama de la droga y de narcotráfico, no podemos quedarnos con los brazos cruzados”, convocó a la acción al señalar que el “juicio llevado a cabo en Tucumán por el secuestro de Marita Verón –hija de Susana Trimarco- ha dejado en evidencia las complicidades de las fuerzas de seguridad, funcionarios y legisladores haciéndose los distraídos”.


“Digamos basta, digamos no… a la trata de personas. Digamos ‘sí’ a la cultura de la vida, y ‘no’ a la cultura de la muerte. Digamos ‘sí’ a la libertad y ‘no’ a la esclavitud de tantos ídolos de nuestro tiempo. En una palabra: digamos ‘sí’ a Dios, que es amor, vida y libertad. Él nunca defrauda. Él es nuestra esperanza”, concluyó.+

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