Mons. Buenanueva: Dios tiene su corazón con los pobres y heridos de la vida
Para empezar, el obispo se refirió a la crítica que ubica al Dios omnipotente como una ilusión o un falso consuelo. Muchas veces, explicó, el modo de vivir o expresar nuestra fe ha podido reflejar algo de esa dura crítica a la religión, y advirtió que hay formas de religiosidad que anulan la personalidad, favorecen el infantilismo y nos impiden vivir a fondo la vida.
Sin embargo, la más dura crítica a toda falsa religiosidad, destaca monseñor Buenanueva, se encuentra en las páginas de la Biblia: La prohibición de hacerse imágenes de Dios y no tomar su santo Nombre en vano ¿no busca conjurar el riesgo siempre acechante de manipular a Dios, subordinándolo a nuestros intereses?, plantea.
Los profetas del Antiguo Testamento sabían bien qué fácil resulta transformar la religión en un culto idolátrico: en vez de dejarse sorprender por el Dios vivo, adorar un ídolo hecho a imagen y semejanza de nuestros pequeños intereses. O de hacer de Dios, su ley y su palabra, la justificación del dominio despótico de unos sobre otros. Los profetas no se cansarán de denunciar semejantes abusos religiosos: Dios no es así; Él está siempre del lado del pobre, del que es explotado y vilipendiado; Dios no es como lo imaginamos, señala.
El mayor crítico a toda forma de religiosidad deshumanizante, asegura el prelado, es el propio Jesús, porque es su vida misma la que habla. La cercanía inaudita que tiene con Dios, su Padre, ha activado en Él todas las potencialidades de su humanidad, agrega.
Jesús, continúa el obispo, deslumbra por su exquisita libertad, la riqueza de su mundo interior, su capacidad de ver la realidad, su sensatez y su mansedumbre. Pero, sobre todo, su inigualable capacidad de amistad, cercanía y comprensión de los demás, especialmente de los más heridos y vulnerables. Entregará la vida en plena posesión de sí mismo, en un acto libre, lúcido y sin victimizarse a sí mismo, sino disculpando y perdonando a quienes lo matan. Así, el perdón, con toda su fuerza transformadora, ha entrado en la historia.
Muchos de sus discípulos, hombres y mujeres de todos los tiempos y pelajes, conjugarán en sus vidas esa misma riqueza vital. Jesús ha dejado huella. Ha logrado comunicar su Espíritu, detalla monseñor Buenanueva, y recuerda que quien ha visto a Jesús, ha visto al Padre, porque Él es el Hijo único hecho hombre. Es el Verbo encarnado. Es a esa experiencia fundante a la que tenemos que mirar para comprender qué es lo que confesamos cuando profesamos nuestra fe en un Dios Padre todopoderoso. Jesús es el Evangelio que nos muestra quién y cómo es Dios, qué significa que lo reconozcamos como Padre, y cuál es la verdadera naturaleza de ese poder divino.
Jesús nos ha mostrado que Dios se conmueve por todo hombre que sufre. Ese es su poder: lo ha llevado a hacerse compañero de camino y a dejarse crucificar con todos los crucificados de la historia. Así, con su amor, le ha puesto definitivamente un límite al mal, añade el obispo, y afirma que Dios es todopoderoso, pero su poder no abruma, no anula la libertad, sino que la hace posible y la estimula, pone en crisis toda deformación de la paternidad. Es su verdadera medida. Jesús, con su cercanía a los pobres y heridos de la vida, nos mostró que Dios tiene con ellos su corazón.
Para conocer en qué consiste la omnipotencia divina, concluye monseñor Buenanueva, la filosofía es un buen camino, pero hay uno mejor: las bienaventuranzas. Ese es el camino de Jesús.+
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