Mons. Tissera cumplió 8 años en Quilmes: “Nuestro país está en emergencia”

Mons. Tissera cumplió 8 años en Quilmes: “Nuestro país está en emergencia”

Al celebrar su octavo aniversario frente a la diócesis de Quilmes, el martes 17 de diciembre, monseñor Carlos José Tissera, brindó una entrevista al diario Infobae. En diálogo con la periodista Virginia Bonard, el presidente de Cáritas Argentina hizo un repaso por diversos temas: su llegada a Quilmes y la realidad de la diócesis, su función en Cáritas y el hambre en el país, el nuevo gobierno nacional, los medios de comunicación, el protocolo del aborto y sus recientes encuentros con el papa Francisco.

A continuación, la entrevista completa:

—¿Cómo fue llegar a Quilmes?
— Diciembre del 2011. Me puso en posesión el arzobispo de Buenos Aires, el cardenal Jorge Bergoglio el día mismo que él cumplía sus 75 años. Cuando uno se hace cargo de la diócesis hay que firmar un acta, y estábamos unos cuantos, Bergoglio mandó a llamar al maestro de ceremonias y le pidió expresamente que no mencionaran que ese día era su cumpleaños: “Hoy es la fiesta de la Iglesia de Quilmes”. Y así fue. Charlando ese mismo día nos dijo: “Hoy le mandé la carta a Benedicto con mi renuncia, y me voy a ir a vivir al Hogar Sacerdotal”. Pero parece que el Papa no le aceptó la renuncia (risas)…

—¿Cómo es el pueblo quilmeño?
— Es un pueblo muy sencillo, formado por dos grandes grupos. Uno, el antiguo Quilmes, lugar que buscaba la sociedad porteña para ir a pasar sus días en la ribera, familias tradicionales, pueblo que se fue asentando en torno a las grandes industrias radicadas en el sur de Buenos Aires; también fue llegando mucha gente proveniente del interior, especialmente del noreste, correntinos y chaqueños, ya en segunda y tercera generación. Y ahora también bolivianos y paraguayos. Es el lugar más barato para vivir comparado con otros lugares del Gran Buenos Aires. Gente más humilde, de barrio, de costumbres sencillas y provincianas, por eso me he sentido yo como un inmigrante más en el Gran Buenos Aires. Mantienen sus costumbres, su devoción a la Virgen de Itatí, al Señor de los Milagros del Mailín, Caacupé, Urkupiña, Copacabana, son grandes fiestas. Son las personas que mantienen la fe en medio de esta sociedad tan materialista. Muchos de ellos son nuestros agentes pastorales, y también diáconos y sacerdotes. Es una diócesis conformada en torno a una gran figura como pastor, como hombre de ese pueblo argentino formado por tantas migraciones que fue el padre obispo Jorge Novak. Él fue quien pergeñó esa Iglesia al estilo del Concilio Vaticano II. Su originalidad es que fue un hombre que vivió y puso en práctica cosas de ese Concilio. Muchas cosas se llaman Jorge Novak, no sólo por propuestas que brotan de la curia de Quilmes sino también por iniciativas del orden civil: avenidas y monumentos. Por ejemplo, hace dos años un Jardín de Infantes de la provincia y de gestión oficial, luego de una consulta entre la gente, eligió el nombre de Jorge Novak.

— Auténtica expresión popular.
— Y yo me siento muy bien así en esta diócesis. A mí me han recibido más que bien. Acá en Quilmes la gente me está ayudando a ser un obispo urbano. Y ahora con el regalo de que el Papa me dio un obispo auxiliar [monseñor Marcelo Margni] que es de la diócesis. Tiene la frescura de los sacerdotes que están abiertos a tantas cosas, que realmente pulsan la realidad de muchos sectores que a veces yo, por venir de afuera, no estoy capacitado para entender. Lo que a mí me costaría un aprendizaje a él le sale naturalmente.

— Hablemos de Cáritas ¿En qué consiste su trabajo como presidente de Cáritas?
— Animar la caridad en la vida de la Iglesia. Cáritas somos todos. Yo también estoy aprendiendo. Una institución en la que ha habido grandes hombres de la vida de la Iglesia: Casaretto, Ojea, el mismo monseñor Bargalló… Cáritas no es la única institución de la Iglesia dedicada a la caridad pero sí es la que depende directamente del episcopado, el presidente de Cáritas es elegido por la asamblea de obispos después de elegir a los presidentes de todas las comisiones episcopales. Me siento uno más acá. Estoy acompañado por monseñor José María Baliña, obispo auxiliar de Buenos Aires, y por monseñor Gustavo Help, obispo de Venado Tuerto. Cáritas es una institución que tiene su historia y muy valorada y muy querida en la sociedad argentina…

— …prestigiosa por su transparencia.
— Así es. Procuramos no perder esta condición. Es una responsabilidad. Toda institución debe tener transparencia, pero sobre todo Cáritas.


— Ustedes tienen dos momentos de fuerte presencia ante la sociedad: la primera semana de junio cuando se realiza la tradicional colecta y en Navidad cuando renuevan el impulso solidario.
— Intentamos que Cáritas esté presente todo el año. Pero ahora vamos a estar muy presentes con esta Mesa de Consejo Federal contra el Hambre. Hay zonas que están muy perdidas en el mapa de nuestra Argentina tan inmensa, pero cuánto valor tienen esas personas que están a veces aisladas y que van de un lado a otro para ver si logran ser incluidas en tal plan… debemos estar cerca de las personas que están sufriendo.

— Muchos piensan que Cáritas solo es la colecta, o dar ropa o alimentos en las parroquias, pero es mucho más que eso, es promoción humana integral.
— Nosotros proponemos salir de aquella concepción de la limosna, de esas sociedades de beneficencia, lo que a veces aparece como simplemente acallar la conciencia. Procuramos que Cáritas pueda ser aquella que busca presentar la imagen de una Iglesia samaritana. En una parroquia, Cáritas no es solamente las 3, 4 ó 20 personas que están trabajando directamente en un proyecto con jóvenes, o en educación, o en un ropero también, o acercando un alimento, sino que aspiramos a que Cáritas también esté presente en la catequesis, la liturgia, en la vida pastoral de la Iglesia. Y en esto todos estamos involucrados.

— Cáritas es viviendas, Cáritas son las huertas. Enseñar y enseñar y seguir enseñando a progresar.
— Las “3 T” de las que habla Francisco, tierra, techo y Trabajo, son nuestra preocupación. Estamos participando del Renabap (Registro Nacional de Barrios Populares). Ya he escuchado del gobierno entrante que lo seguirá llevando adelante porque es el Estado juntamente con algunas instituciones desde el Ministerio de Desarrollo Social. La gente está registrada, hay personas que no están en el mapa del país, no tienen cómo hacer que conste su domicilio. 4.600 barrios en torno a centros urbanos se han relevado en todo el país, asentamientos surgidos con un Estado ausente, sin planes de urbanización.

— Y Cáritas desde hace relativamente poco tiempo también aloja a los Hogares de Cristo en abordaje de adicciones…
— Cuando monseñor Ojea presidía Cáritas, abordó el tema adicciones y empezó las gestiones para poner a Cáritas a disposición de lo que ya venían haciendo muchas comunidades por medio de los sacerdotes villeros de Buenos Aires, para ayudar en lo que fuera. Cáritas como nexo entre la Sedronar y estos centros que son los Hogares de Cristo. También hay otros proyectos referidos a adicciones, como las Casas de Atención y Acompañamiento Comunitario (CAAC) en las parroquias. Cáritas mira a toda persona frágil, débil, la realidad es que en estos últimos tiempos es la droga la que está destrozando a nuestros niños y jóvenes. Por supuesto que también la droga está en el mundo adulto. Queremos acompañar a todas esas personas que, así como el flagelo del hambre está poniéndoles un techo en su crecimiento y maduración, la droga desquicia a la persona. No es solo una cuestión de salud: se trata de proyectos de vida. La droga impulsa un modelo de descarte.

—¿Qué expectativas tiene ante el Consejo Federal contra el Hambre? Muchos criticaron la presencia eclesial en esa mesa, la interpretaron como un aval a una mirada partidaria. ¿Qué piensa?
— Creo que no hemos caído en la cuenta de que estamos en una emergencia. Desde el momento en el que se conocieron los últimos índices, yo dije que nos avergonzaba que tantos argentinos tuvieran que pasar hambre. Como dice el cántico del padre Julián Zinni, del año 2004 en el Congreso Eucarístico de Corrientes, “no es posible morirse de hambre en la patria bendita del pan”. Nuestro país está en emergencia, ¿y cómo no va a estar la iglesia? Como estamos en una inundación, en un terremoto, lo que fuera, y ahí a la iglesia nadie la cuestiona. El hambre está como una fiebre que crece, ¿cómo no vamos a estar?

— Algunos políticos se refirieron a estos datos del INDEC, avalados por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, es decir, información proveniente de los ámbitos privado y estatal, diciendo que se trataba de una exageración de la Iglesia.
— Duele que personas que forman opinión lo hagan desconociendo una realidad. Si lo dicen sinceramente es por ignorancia. Ahora, si lo dicen sabiendo que existe, eso es mentira.

—¿Pudo hablar con Alberto Fernández de estos temas?
— Estuve muy cerca de él, al lado, y le dije “con esto del hambre hay que hacer un Nunca Más”. Y me dijo: “Es la verdad”. Es una vergüenza en la Argentina tener hambre. No se explica.

—¿Cómo evoluciona esta mesa?
— Ahora fuimos convocados oficialmente, porque la reunión fue antes del cambio de gobierno. Seguramente han estado ajustando ciertas cosas como la tarjeta y el tratamiento de la ley en el Congreso. Esta Mesa es un desafío para toda la sociedad argentina. Argentina contra el hambre no es sólo un proyecto de un gobierno. Es la tarea de toda la sociedad. Nunca más el hambre en Argentina. Es un comienzo de un camino que tiene a incluir a todos, empezando por los últimos. Los niños primero, para que crezcan bien nutridos y, desde hoy, vivan integrados a la sociedad, con un crecimiento integral.

— La Misa en Luján del 8 de diciembre de la que participaron autoridades de gobierno saliente y entrante fue un precioso mix de gestos y palabras que nos llevaron a renovar (aunque sea un poco) la esperanza. ¿Cómo la vivió?
— Cuando un árbol se tiene que renovar, hay que cuidar bien las raíces. Si las raíces están tapadas, aprisionadas, hay que remover para que esas raíces recuperen la fuerza. La raíz del pueblo argentino es católica pero abierta como es el catolicismo, abierta a toda expresión religiosa, siempre hemos recibido a hermanos de otras confesiones. Somos de un país que tiene como patrona a la Virgen de Luján. Se trata de una identificación con los símbolos argentinos de manera total. Han estado presentes personas de distintas creencias. Lo que desde nuestro lugar decimos, que es nuestra Iglesia madre, se notó con claridad. Y nuestra madre, para los católicos, es la Virgen. El papa Francisco, sucesor de San Pedro, y referente para la Iglesia universal, ha mostrado la maternidad de la Iglesia con el tema de la Casa Común. Nuestra Madre Tierra. Esta concepción básica que pone de relieve que el hombre es una relación con Dios, con los demás, con la naturaleza y consigo mismo. La maternidad de la Iglesia se manifestó en ese gesto de la misa en Luján en la que se rezó por la Unidad y por la Paz. Por la Unidad porque no cabe duda de que hemos vivido un tiempo de desencuentros que, con los años que tengo, nunca viví períodos de tanto enfrentamiento, escuché cosas terribles. La misa fue un gesto, como un comienzo. Y ojalá que todos después apuntemos a eso.


— Si hablamos de cerrar grietas, Alberto Fernández sorprendió tomando el tema del hambre pero también sorprendió al protocolizar la ley de aborto que existe en Argentina desde 1921, aunque avanzando sobre aspectos que aquella no contiene. También se dice que está en carpeta legislativa el proyecto de legalización del consumo de marihuana. ¿Cómo conviven la Iglesia y el gobierno saltando de un tema al otro?
— Con diálogo. Manteniendo la independencia. Colaborando en todo lo que haga al bienestar de la Nación. No es fácil y tenemos que ser muy respetuosos de la democracia. Y expresar nuestra opinión en cada ambiente pero no fomentando actitudes que van en contra de bien común.

—¿Cómo se lleva con los medios de comunicación?
— Nunca me preparé para estas cuestiones pero es propio de un pastor saber comunicar. En el seminario me enseñaron teatro, a saber dar un discurso, y la vida del cura es estar comunicándose a través de varios medios. Yo en mi vida había escrito mis homilías. Y ahora ya me he acostumbrado, por ser sucesor de monseñor Novak, que escribía todo como buen historiador, y porque ayuda mucho; si no se vuelve engorroso para la comunicación. Y uno busca los nuevos areópagos. Hay que saber usar todos los medios. No es que uno lo haga por querer aparecer, pero sí hay que comunicar. Lo primero que le enseña una madre a un hijo es a comunicarse. Si una persona no se comunica, se muere. Yo esto lo aprendí en mi humilde seminario de Río Cuarto: teatro, cantos, coro, ir a las radios para celebrar desde ahí, también con la televisión local, y cuando estaba en la catedral todos los medios iban para allá a consultar al cura… Hay que dar razones, tenemos que estar informados y, si no sabemos, preguntamos y volvemos con la respuesta.

—¿Cuándo vio por última vez al papa Francisco?
— Fue cuando nos recibió a todos los que participamos de la Asamblea de Cáritas internacional, a fin de mayo de este año. Pero en mayo lo vi cuatro veces: dos veces durante la Visita ad limina (una todos juntos el 10 de mayo y otra el 12 de mayo, solos en su departamento); y a fines del mes de mayo en la apertura y misa de la Asamblea de Cáritas Internacional y luego la audiencia que nos dio a todos los participantes. Lo más grande del Papa en ese día que éramos unos 400 en la Sala Clementina, estaba el presidente de Cáritas Internacional, el cardenal filipino Luis Tagle, y quiso saludarnos a cada uno, uno por uno, de pie. Fue ahí, en ese brevísimo intercambio que le llevé los saludos de León, el nuncio argentino [se refiere a monseñor Léon Kalenga Badikebele, quien falleció de una enfermedad terminal fulminante el 12 de junio de 2019]. Y me dijo Francisco: “Pobre, ya se nos va”. Espero volver a verlo pronto porque hay un Congreso de cuestiones económicas de diversas vertientes del que voy a participar, le voy a pedir una audiencia y veremos cuándo me la da, si es que puede.

Carlos “Cacho” Tissera: autorretrato
“Soy el obispo de Quilmes, pastor de esta comunidad grande en la que estoy, puesto allí por la voluntad del Señor.” Así se define con sencillez y tonada cordobesa: “Nací en Río Cuarto en 1951, en una típica ciudad del interior, fui a la escuela estatal, esa escuela que tenía tanta fuerza. Crecí en un hogar humilde, mi padre era empleado en una estación de servicio, mi madre, enfermera, los dos participaban de su respectivo sindicato; tengo una hermanita que murió a los 19 meses, Rosita, aunque me crié como un hijo único ella siempre me acompaña. Entré al seminario a los 13 años pero me consuelo porque monseñor Jorge Novak entró a los 10 (risas). Era el año 1965, la última etapa del Concilio Vaticano II, lo viví al lado de mi obispo, monseñor Blanchoud, que llegó a Río Cuarto con 36 años. Hice el bachillerato de 7 años (seminario menor) y en los años 72 y 73 (muy convulsionados: fin de una dictadura y comienzo de la tercera presidencia de Perón) fui a cursar Filosofía a Córdoba. Luego me fui a la provincia de Buenos Aires y me inserté en una comunidad de seminaristas que tenía monseñor Ponce de León (lo quiero y lo invoco siempre), hice mis tres años de Teología que provocaron en mí una conversión. Yo llegaba de una Córdoba un poco ideologizada y empecé a darme cuenta de lo que estábamos viviendo en esos tiempos: muertes, la Triple ‘A’… En Devoto tuve grandes formadores que me ayudaron a entender esos años: Lucio Gera, Rafael Tello… Fueron maestros. Como indica la tumba de Lucio Gera a pedido del arzobispo Bergoglio: Maestro de Teología. Era un maestro de vida espiritual, sus clases eran un retiro para nosotros, no nos perdíamos ninguno de sus cursos, seminarios ni sus microcursos —él le inventaba los nombres— sobre religiosidad popular con su profundidad típica y personal. Otro gran maestro: Carmelo Giaquinta, que nos comunicaba su pasión por el Evangelio y la Iglesia que nació renovada del Concilio Vaticano II. Esos hombres a mí me ubicaron muchísimo en mis inquietudes. Fui ordenado sacerdote el 7 de abril de 1978 y obispo el 6 de febrero del 2005. Mi primera diócesis como obispo fue San Francisco, en Córdoba, patria piamontesa: ¿qué hace un negro en medio de los piamonteses? (muchas risas). Ellos me enseñaron a ser un obispo rural: allá es puro campo, pueblitos, parajes, capillas de campo, sacando Arroyito, Morteros y Las Varillas, que son bien grandes… todo hermoso. Yo siempre pensé en ser un cura de campo, que iba a estar en un pueblo. Fui, con —todavía no era monseñor— el padre Ramón Staffolani como rector, a iniciar el equipo de formadores del seminario de Río Cuarto. En ese equipo estaba Víctor Fernández (actual arzobispo de La Plata), Ricardo Araya (obispo de Cruz del Eje)… Y después estuve 13 años como cura en la catedral de Río Cuarto, mi parroquia de origen, hasta que me llegó ‘esto’ [se refiere a que lo designan obispo], me desorientó. Le dije al nuncio: ‘¿Cómo me voy a ir de Río Cuarto?’. Y él me respondió: ‘pero somos sacerdotes de la Iglesia universal’. Yo me sentía realmente incapaz para ser obispo, no sé ninguna lengua aparte del español… pero acá estamos, sirviendo”.+

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