Mons. Castagna: “Cristo es el antídoto contra la corrupción y la mentira”

Mons. Castagna: “Cristo es el antídoto contra la corrupción y la mentira”

Corrientes (AICA): “Cristo es la respuesta y auxilio de Dios, es el antídoto para tanta corrupción y tanto error. Quienes se deciden por su seguimiento, mediante una vida santa, se constituyen en sal que hace honesta la vida personal y social, y preserva de todo tipo de corrupción”, destacó el arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna.
El arzobispo emérito de Corrientes, monseñor Domingo Salvador Castagna, aseguró que “Cristo es la respuesta y auxilio de Dios, es el antídoto para tanta corrupción y tanto error”, en su sugerencia para la homilía dominical.

“Quienes se deciden por su seguimiento, mediante una vida santa, se constituyen en sal que hace honesta la vida personal y social, y preserva de todo tipo de corrupción”, destacó, y recordó: “Jesús va mucho más allá, los califica como sal y como luz”.

“Sus discípulos no deben desmejorar esa sal, ni esconder esa luz. Su Maestro les recuerda que corresponde a su identidad de discípulos ser la sal de la tierra y la luz del mundo. Identidad y misión, interactuadas en un acontecer del mundo marcado por la corrupción y por el error”, señaló.

El prelado afirmó que “como toda obra de gracia se gesta en el silencio y obtiene su verdadera dimensión en la humildad de los pobres y de los niños”, y subrayó: “Parábolas como la semilla de mostaza traducen al lenguaje más simple de los hombres - el de los niños y de los pobres - los misterios más profundos de Dios. No entienden quienes no se disponen a entender: “El que quiera entender que entienda”.

“Gran esfuerzo personal implica ese disponerse a entender. Más aún cuando el pecado ha desgastado la libertad y, en consecuencia, se llega a la falsa conclusión de que el peor de los libertinajes reemplaza el ejercicio de la auténtica libertad”, aseveró.

Texto de la sugerencia

1.- Un baño de equilibrio. Que la timidez no sea confundida con la cobardía, ni la temeridad con la valentía. La virtud es equilibrio; jamás entra en colisión con otros valores - si son auténticos - al contrario, su natural impulso la orienta a la armonía y a la paz. El pecado es desequilibrio, lo contrario a la virtud. En Cristo observamos el equilibrio perfecto, todo es armonía en Él. Nuestra sociedad necesita un baño de equilibrio. Las relaciones entre las personas manifiestan más desencuentro que concordia. Por lo mismo, las leyes no alcanzan para que se produzca el restablecimiento del orden y de la justicia. Existe un común anhelo entre quienes intentan aunar esfuerzos y ofrecer respuestas eficaces - a los desafíos que la delincuencia presenta hoy - en beneficio de una sociedad deseosa de orden y de paz. Nuestra legislación parece ser burlada sistemáticamente por quienes tienen el deber de aplicarla. El Señor despierta la conciencia de sus discípulos - todos los bautizados - recordándoles quiénes son y cuál es su misión: “Ustedes son la sal de la tierra…” “Ustedes son la luz del mundo…” (Mateo 5, 13-14)

2.- Cristo es el antídoto contra la corrupción y la mentira. Cristo es la respuesta y auxilio de Dios; es el antídoto para tanta corrupción y tanto error. Quienes se deciden por su seguimiento, mediante una vida santa, se constituyen en sal que hace honesta la vida personal y social, y preserva de todo tipo de corrupción. Jesús va mucho más allá, los califica como sal y como luz. Sus discípulos no deben desmejorar esa sal, ni esconder esa luz. Su Maestro les recuerda que corresponde a su identidad de discípulos ser la sal de la tierra y la luz del mundo. Identidad y misión, interactuadas en un acontecer del mundo marcado por la corrupción y por el error. Como toda obra de gracia se gesta en el silencio y obtiene su verdadera dimensión en la humildad de los pobres y de los niños. Parábolas como la semilla de mostaza traducen al lenguaje más simple de los hombres - el de los niños y de los pobres - los misterios más profundos de Dios. No entienden quienes no se disponen a entender: “El que quiera entender que entienda”. Gran esfuerzo personal implica ese disponerse a entender. Más aún cuando el pecado ha desgastado la libertad y, en consecuencia, se llega a la falsa conclusión de que el peor de los libertinajes reemplaza el ejercicio de la auténtica libertad. San Pablo lo expresa con suma claridad: “Ustedes, hermanos, han sido llamados para vivir en libertad, pero procuren que esta libertad no sea un pretexto para satisfacer los deseos carnales”. (Gálatas 5, 13)

3.- Porque Dios es amor. Es verdad que la práctica formal de una religión no garantiza el bien obrar de los individuos. Constituye un auxilio eficaz y orientador. Existen hombres y mujeres de virtudes humanas excepcionales, también entre quienes no profesan un determinado culto religioso. No obstante, Dios es uno y toda vida humana encuentra en Él su propia plenitud y su destino final. Cristo es el Hijo de Dios encarnado y su misión temporal se cumple en la revelación que hace Él de Dios - Padre, Hijo y Espíritu Santo - en su propia esencia, expresada en las breves palabras del Apóstol y Evangelista Juan: “Porque Dios es amor”. Es el amor divino, que expresa todo su poder en el acontecimiento de la Pasión. Dios ama a todos los hombres hasta ese impensado extremo. La Iglesia, fundada en los Apóstoles y los Profetas, hereda la misión reveladora de ese amor inconmensurable: “Como mi Padre me envió yo los envío a ustedes”. Como lógica consecuencia el precepto de la caridad fraterna invita a encarnar y revelar al Dios que ama al hombre hasta el perdón. Nadie lo conoce sino el Hijo y “a quien se lo quiera revelar”. Nadie podrá acceder a este conocimiento explícito de Dios Amor si no es informado por la palabra y el testimonio de los Apóstoles y de la Iglesia. De allí la necesidad del ministerio humilde de esa Iglesia: predicación y sacramentos.

4.- Concentrar a los mejores en la tarea de evangelizar. El Espíritu Santo, que anima a la Iglesia, mantiene una actividad continua. Gracias al Espíritu “las puertas del infierno no prevalecerán” y los tormentosos escándalos de algunos de sus miembros no inhabilitarán su divina misión en el mundo. A Dios gracias hay mucha gente santa, fiel al Evangelio de Jesús y jugada por el bien común. El empeño pastoral de la Iglesia debe concentrar a sus mejores bautizados - hombres, mujeres, laicos y consagrados - en la tarea común de evangelizar al mundo. Es conveniente insistir en la escucha atenta de la Palabra de Dios y en la oración. Jesús, en la noche de Getsemaní, exhorta a sus Apóstoles a velar y a orar “para no caer en la tentación”, encarnada hoy en la adopción de criterios y hábitos promocionados por el materialismo y la incredulidad. La fidelidad dolorosa de Jesús a su Padre es modelo y estímulo para nuestra personal fidelidad.+

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