El Papa a los jóvenes japoneses: “La cultura del encuentro no es una utopía”

El Papa a los jóvenes japoneses: “La cultura del encuentro no es una utopía”

Tokio (Japón) (AICA): “Este encuentro es una fiesta porque estamos diciendo que la cultura del encuentro es posible, no es una utopía, y que ustedes, los jóvenes, tienen esa sensibilidad especial para llevarla adelante”, dijo el papa Francisco este lunes a miles de jóvenes reunidos en el interior de la catedral Santa María de Tokio con los que mantuvo un cálido y festivo encuentro.
Francisco se encontró hoy con un millar de jóvenes japoneses reunidos en el interior de la catedral Santa María de Tokio y decenas de personas más que no pudieron entrar al recinto y que lo recibieron a las afueras del templo, el más simbólico de la Iglesia Católica en Japón.

Planteado como un diálogo entre el sumo Pontífice y los jóvenes, el Papa oyó las preocupaciones de tres de ellos, Leonard Kathuela, de 20 años, y Miki Kobayashi y Masako Kudo, ambas de 26.

“Puedo ver la diversidad cultural y religiosa de los jóvenes que viven en Japón hoy, y algo de la belleza que nuestra generación ofrece al futuro”, afirmó el Pontífice.

El pontífice, que fue recibido en la entrada de la catedral con gritos de “¡Viva el Papa!”, en castellano, se dirigió a los jóvenes desde el altar de la catedral, un edificio moderno levantado a partir de 1960 sobre las cenizas de un templo original, construido en 1899 pero que fue destruido por las bombas y el incendio que desataron durante la II Guerra Mundial.

En la catedral también se llevó a cabo, hace 38 años, otro encuentro con los jóvenes protagonizado por el entonces papa san Juan Pablo II, en la anterior y única visita a Japón de un Papa hasta la que está realizando estos días Francisco.

“El futuro no es monocromático, sino que es posible si nos animamos a mirarlo en la variedad y diversidad de lo que cada uno puede aportar”, agregó Francisco.

“No nos hicieron a todos a máquina. Cada uno trae una historia para compartir”, recalcó, en una de las numerosas partes improvisadas de su mensaje, que también fue aplaudido ocasionalmente.

“Cuánto necesita aprender nuestra familia humana a vivir juntos en armonía y paz sin necesidad de que tengamos que ser todos igualitos”, insistió el Papa a los jóvenes.

En su mensaje, el Papa pidió a los jóvenes combatir la “pobreza espiritual” en medio de una “sociedad frenética y enfocada en ser solamente competitiva y productiva”.

También lamentó que en las sociedades “altamente desarrolladas” sus habitantes pueden llevar a tener “una vida interior pobre y encogida, con el alma y la vitalidad apagada”.

“Como zombis, su corazón dejó de latir por la incapacidad de celebrar la vida con los demás”, añadió. “Hay jóvenes que no sueñan. Es terrible que haya jóvenes que no sueñan”, insistió.

El Papa explicó que la clave radica en saber pedir ayuda: “Para ser felices, necesitamos pedirle ayuda a los demás”.

“De modo particular, les pido que extiendan los brazos de la amistad y reciban a quienes vienen, a menudo después de un gran sufrimiento, a buscar refugio en su país”.

“Un maestro sabio dijo una vez que la clave para crecer en sabiduría no era tanto encontrar las respuestas correctas, sino descubrir las preguntas correctas”, subrayó.

En ese sentido, invitó a plantear “buenas preguntas, cuestionarse y ayudar a otros a hacerse buenas y cuestionadoras preguntas sobre el significado de la vida, y de cómo podemos dar forma a un futuro mejor para quienes vendrán después de nosotros”.

El Papa hizo un llamado a los jóvenes a no “apabullar” ni “aturdir” los sueños. “Denles espacios y anímense a mirar grandes horizontes, a mirar lo que les espera si se animan a construirlos juntos. Japón los necesita, el mundo los necesita despiertos y generosos, alegres y entusiastas, capaces de construir una casa para todos”.

Francisco pidió también a los jóvenes combatir el acoso escolar, una “epidemia donde la mejor medicina la pueden poner” los mismos jóvenes.

A Masako, otra joven que se dirigió al Papa, Francisco le habló de la necesidad de descubrir la identidad propia para crecer.

“Se han inventado muchas cosas, pero gracias a Dios todavía no existen selfies del alma. Para ser felices, necesitamos pedirle ayuda a los demás, que la foto la saque otro”, añadió el Papa.

El acto se cerró con un regalo especial que recibió el Papa, un “happi” o prenda tradicional japonesa utilizada en ocasiones festivas, que estaba adornado con mensajes en japonés, inglés y castellano (“Te queremos”, decía uno de ellos) y con su perfil dibujado en la parte de la espalda.

Los jóvenes que le ofrecieron el “happi” le pidieron que se lo colocara, y el Pontífice aceptó el reto y se lo puso sobre la túnica blanca, mostrándolo con orgullo, en medio de los aplausos de los reunidos en la catedral.

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